Intercambio palabras bajo la calima madrileña con alguien que conoce los entresijos del Gobierno y el PP, y que maneja buena información de lo que se cuece en la política española. Y me confirma lo que muchos intuimos: el PP es un partido en apuros que si no cambia de líder lo va a pasar mal. Incluso muy mal.

Habla pausado. Me da algún detalle de lo mal que lo está pasando uno de los hombres más poderosos de España, a punto de abandonar una nave potente por cuestiones de salud anímica. Y me aporta algunos detalles. Todos ellos a partir de dos premisas: Rajoy tiene pensado agotar al máximo las elecciones y decidido volver a ser el cabeza de cartel del PP.

El presidente y sus edecanes y obedientes subordinados tratan de convencernos de que el PP tiene tiempo para recuperar el terreno perdido después de tres años y medio de legislatura: “y el problema es que se lo creen, por más que quienes manejan la información atinada sobre el panorama económico saben que el segundo semestre va a ser peor que el primero, y eso les va a perjudicar”.

Desde la calma, mi interlocutor me explica cómo, en el entorno de Rajoy, “no hay nadie, absolutamente nadie, capaz de decirle que él, y el partido, se han convertido en antipáticos. La piel de la que hablaba Floriano. Y han perdido la confianza. Y de un modo tan profundo que tienen imposible recuperarla salvo milagro”. Porque en política la confianza cuesta ganarla, pero se pierde con poco y recuperarla cuesta un mundo.

Con los datos macroeconómicos, “por buenos que sean, no levantan la realidad. Y el desarrollo de los acontecimientos en la Unión Europea no les va a ayudar”. Y, añado yo, a este panorama sombrío habrá que añadir en septiembre, salvo que Mas cambie de planes, un batacazo electoral en Cataluña de órdago. Un Comunidad Autónoma en la que el PP puede quedar convertido en un partido residual, con todas las consecuencia que ellos puede tener pensando en las generales.

Ante este panorama, mi interlocutor cree que Rajoy “erre que erre, se sigue distanciando de su electorado por más que recurra al BOE, al dinero público y a bajar impuestos a última hora para recuperar terreno. Ya no vale. Rajoy es Rajoy, y sus muchachos son sus muchachos”.

Los sociólogos coinciden. El PP puede ser el partido más votado en las próximas generales, probablemente en diciembre, pero no va a poder formar Gobierno. A partir de este dato se construyen hoy todos los escenarios. Son múltiples, y variados. Pero dos parecen los únicos viables a estas alturas del partido. Un Gobierno del PSOE con el apoyo de Podemos o un Gobierno del PSOE con el apoyo de Rivera.

Todo depende de la aritmética electoral. La información que maneja mi amigo es que Pedro Sánchez preferiría el apoyo de Albert Rivera y sus Ciudadanos. Pero quizá no sea suficiente, y en ese caso, aceptará liarse al cuello una soga peligrosa para los socialistas, como sería gobernar gracias al apoyo o la abstención de Pablo Iglesias y el partido que controla férreamente con mano de hierro.

Y así están las cosas. Todos mirando a Grecia y la fracasada Unión Europea. Pero con los pies en la tierra, cocinando una batalla electoral que no va a parar ni en verano. Y en Moncloa y en Génova va a haber muchos sudores. Y no todos por el calor.