Nunca me ha gustado desfilar al paso. Prefiero salirme de la fila. Y me gusta el personal que así lo hace, desde la coincidencia o la discrepancia. Estoy lejos de las posiciones que defienden Syriza o Alexis Tsipras, pero lo sucedido en Grecia es una buena lección para esta Europa gris que nunca ha sido Unión y que debiera aprender la lección. Aunque no lo hará, porque el señor Mercados es duro de mollera.

La victoria aplastante del No en el referéndum del domingo es relevante política y éticamente. Vale que podríamos cuestionar mucho la metodología y hasta las garantías desde un punto de vista estrictamente jurídico. Es verdad que se convocó a uña de caballo. Es evidente que la pregunta se las traía. Sí. Todas las pegas que queramos poner. Pero la victoria del No es la derrota de las políticas de los anteriores Gobiernos griegos atrapados en la corrupción y la nefasta gestión de la cosa pública.

Además, Tsipras y los suyos le han dado una gran lección a muchos. Pongamos que a Rajoy. Debiera atender nuestro presidente lo que es hacer política. El presidente griego la hace. Desde una posición política e ideológica lejana a la mía, pero política. Durante cinco meses, y en especial la última semana de infarto, Tsipras ha sido capaz de llegar a los ciudadanos, de apelar a los valores más íntimos y a los sentimientos de un pueblo pobre, pero de hondas raíces y valores. Les ha llegado al fondo de lo más sensible de su alma. Y le ha funcionado. Porque además ha sido capaz de evidenciar que el señor Mercados no es Dios, tiene flancos débiles, y se le puede plantar cara.

En paralelo, los medios tradicionales griegos, el antiguo stablishment y la descomunal campaña en el resto de Europa a favor del Si ha activado en los ciudadanos griegos un resorte que ha terminado como hemos visto. Y debieran hacérselo ver. El fracaso. Sí, el fracaso estrepitoso de la Unión Europea, que entra en una crisis que veremos que consecuencias tiene. Si tuvieran dignidad más de uno debiera dimitir, pero no tiene pinta. Empezando por los cargos institucionales que en vez de actuar con la obligada prudencia institucional han tomado partido y han perdido, como el socialdemócrata Schultz, presidente del Parlamento Europeo.

Entre Grecia y la UE se está jugando una batalla política formidable. Lo económico se arreglará. Negociarán y encontrarán una solución. Si el final es la salida de Grecia del Euro y la UE, que no lo creo, el coste de ello será severo para Grecia, sin duda, pero ojo que quizá lo sea más para la Unión y para sus encocorotados mandamases a los que nadie ha elegido y que se nombran por cooptación en un entramado institucional con un déficit democrático plausible.

La Unión Europea y la Troika han acreditado una torpeza impropia, se han enrocado en sus políticas de austeridad y se han empeñado en imponer un orden económico financiero que le está funcionando bien a la insolidaria Alemania de Merkel, pero que asfixia a muchos ciudadanos europeos cada vez más lejos de los postulados económico financieros de estos tiburones insaciables.

Y Rajoy. Ay, Rajoy!! Primero se puso machito. Alineado con la señora Merkel en posición de firmes. Después Guindos aflojó un poco hasta el punto de que Podemos dijo ayer que sus palabras y propuestas eran más razonables. Rajoy tiene mucho que aprender, pero ya está escrito que los estadistas gobiernan mirando a las próximas generaciones, mientras los políticos de tercera gobiernan mirando a las próximas elecciones. Pues eso. Que el presidente, Mariano-se-fuerte-te-llamo-mañana se anda con ojo, porque a España le conviene más que Grecia se mantenga en la Unión y en la moneda única.

Y, sobre todo, lo que le conviene a España es mantener posiciones suficientemente propias, no seguidistas. No desfilar siempre al paso. Saber salirse de la fila cuando nos interesa. No somos Alemania, ni Francia, ni Gran Bretaña, pero debemos defender nuestra soberanía y nuestros intereses. Pero claro, para hacerlo hacen falta políticos, no funcionarios y opositores, por más que sean los números uno de su promoción.