Del Pablo Iglesias que entraba seguro, decidido y fresco al plató de Intereconomía, incluso a los de Cuatro o La Sexta, solo quedan la coleta y el recuerdo. Algunos ya sabíamos de qué iba esta fiesta. Ahora todos conocen al verdadero Pablo Iglesias, rebosante de cesarismo, autoritario, intransigente. Y está en apuros. Porque se ha integrado en el sistema y juega la partida con las mismas cartas y en la misma mesa que la casta. Y los que están hartos ya de estar hartos le han visto el plumero.

La aparición de Ahora en Común es lo único que les faltaba a los podemitas. Hubo muchos paralelismos entre ambas formaciones en la presentación del viernes pasado. El mismo discurso tratando de llegar al alma del personal, la misma reivindicación de los procesos participativos, el mismo marketing pero desde posiciones menos radicales y aparentemente más democráticas.

Hablo con dos dirigentes de Podemos y percibo el mismo olor a miedo que cuando intercambio palabras con la peña del PP, y también del PSOE. Insistencia en la discreción: “no quiero líos, ni problemas, y la cosa está que arde, y hay instrucciones de no ventilar la movida en los medios”. Pura casta. El temor al que manda, al que hace y deshace. A la transparencia. A las ventanas abiertas para que corra el aire. Y más con el calor que hace. Y eso que acaban de llegar.

Por si no tenían suficientes problemas, un nutrido grupo de “intelectuales y personajes de la cultura”, buena parte de ellos de los de la famosa ceja que tan cara nos costó, se han marcado un manifiesto en el que, sin cita expresa, presionan a Iglesias y sus cuates para que modifique su estrategia, se baje del púlpito, pise tierra y apoye una candidatura en las generales “de unidad popular”. Están todos, los de siempre, y alguno más.

Iglesias y los que a su lado controlan el aparato, a toda costa desean preservar la marca en las próximas elecciones generales. Se las prometían muy felices. Los buenos resultados en las Municipales, aunque los grandes éxitos fueran gracias a candidatas y candidatos que no eran pata negra, me temo que les ha obnubilado. Mis interlocutores me explican que “Pablo está desbordado, no llega a todo, pero no suelta una rienda y se muestra soberbio, altivo, y lo vamos a pagar caro. Lo que nos faltaba es que Podemos hable de Ahora en Común como lo está haciendo Pablo. Que gran error. Y eso después del espectáculo de las primarias, rematado con esa segunda lista con más miembros controlados por Pablo. Insólito. Triste”.

Una lista de izquierda como la que están armando los de Ahora en Común le puede hacer pupa a Podemos: “mucha pupa. Nos pueden quitar muchos escaños, muy especialmente en aquellas provincias con menor número de elegidos. Y no solo. Y ojo que la movida de las primarias está empezando, y si Pablo Iglesias cree que con el golpe de mano se ha acabado el lío, está en un error”.

“Su egocentrismo le hace huir de cualquier tipo de acuerdo con nadie que le pueda hacer sombra”, y creen mis interlocutores de Podemos que “Ahora en Común lo ve como una amenaza, y por ello dice que con una alianza con ellos sería imposible ganar y se dedica al desprestigio del adversario, a ponerles a caer de un burro sin sentido alguno”.

No lo tengo yo muy claro. Me da que Iglesias, Errejón, Bescansa y Monedero, en la sombra, manejan los hilos con mano de hierro y sus opositores internos tienen escaso margen de maniobra para cambiar el rumbo de los acontecimientos.

El drama para unos y otros es que todo apunta a que si el voto de la izquierda se desgaja, será malo para todos ellos: “las Municipales y Autonómicas nos marcaron el camino. Con unas candidaturas unitarias obtuvimos un buen resultado. Nosotros solos, con la marca Podemos, no tendríamos las alcaldías de Madrid y Barcelona. Pero Iglesias está ciego de ambición, y no quiere verlo. Se cree la última Coca Cola del desierto. O actuamos con cabeza, con generosidad y con ambición de ganar o la derecha tendrá el camino despejado, y el PSOE terminará formando Gobierno con Ciudadanos”.

Lo dicho. Que Pablo Iglesias está en apuros. Se está quedando además cada vez más solo, pero desde esa soledad, junto a los pocos fieles que junto a él manejan los hilos, está dispuesto a arruinar a sus correligionarios con tal de no ceder un ápice de poder. Una película que ya hemos visto muchas veces. Las otra cara de la moneda de Rajoy. Dios los cría y ellos se juntan por los extremos.