Arde el verano. Y no solo el asfalto, por el sol. Arde la política. Y arden las altas esferas del IBEX 35. En una de las grandes compañías hay movimientos. Hemos de estar atentos a las pantallas, porque hasta la fecha toda la información es codificada, como la tele de pago, pero ya se sabe que al final todo se emite en abierto. Hay nervios en la gran empresa. Y rumores. Y cábalas sucesorias. Porque puede producirse en breve un movimiento sísmico. Todas las alertas están encendidas. Alguien a punto de dar la estampada. Y en su círculo los móviles queman, y hay demasiados abonados a la intriga. Todos quieren su silla. Pero no se atreven ni a marcar su móvil. Porque él está lejos, aunque cerca, porque su sombra es alargada. Y en Moncloa tiemblan. Y buscan ya sucesor. Intrigas de las que forman parte también la banca y los grandes medios. Todos los prebostes de este régimen que se resiste a acabar ansían controlar la sucesión. Hay mucho en juego. Y ninguno de los que se están moviendo saldrán en la foto. Se quedarán en black. Fundidos a negro. Como en las películas. Quizá hasta septiembre no haya desenlace. Que verano de sudores. El distrito del dinero a mansalva y las colocaciones salvadoras y de puerta giratoria va a necesitar mucha tila, y Lexatin.

Y en la política, tres cuartos de lo mismo. Rumores a mansalva y muchas cábalas de aritmética electoral respecto a las generales. En Podemos ya está escrito desde este andén que hay cabreo con Pablo Iglesias. Ahora en Común y el manifiesto de los de siempre agravan los problemas. Va a tener difícil superar el 20%. Y puede llevarse un disgusto con Ciudadanos. Albert Rivera, Girauta y los suyos afinan el tiro, y como en las autonómicas catalanas lleguen a donde apuntan, pueden colocarse para las generales en posición enormemente ventajosa. Sus pactos con el PP y el PSOE en Madrid y Andalucía no solo no les han perjudicado sino que ha contribuido a consolidarles como posible pareja de baile necesaria.

Pedro Sánchez sueña con La Moncloa. Pero en su entorno algunos le bajan los humos y le hacen ver lo fina que es la frontera entre el éxito y el fracaso estrepitoso. Sánchez tiene claro que la lista más votada será el PP, sin mayoría absoluta, y espera poder formar una mayoría alternativa con Ciudadanos como socio preferente. Si no fuera posible su deseo, está dispuesto a pactar con el diablo para llegar a la presidencia, o sea, con Podemos, nacionalistas o mareas de izquierda. Pero ojo, que si Ciudadanos obtuviera un escaño más que el PSOE, cosa improbable pero no imposible, entonces sería Rivera quien podría llegar a La Moncloa.

Y el PP. ¡Ay, el PP! Siendo evidente ya que Rajoy será cabeza de cartel, pese a la enorme oposición interna que brama en silencio cobarde, solo la mayoría absoluta le permitiría formar gobierno. Desde luego por debajo de 150 escaños tendría imposible gobernar. Se lo juega todo en las provincias con menos de siete escaños, donde el señor D’Hont favorece a la lista más votada. Si hay batacazo ahí, adiós Rajoy. Si salva los muebles y aguante el tirón, solo le quedaría la esperanza de un pacto con Ciudadanos si consigue escaños suficientes. Y en ese caso, Rivera pondría como condición que el presidente del Gobierno no fuera Rajoy.

Lo dicho. Rumores, y cábalas. Calor asfixiante, y movimientos soterrados. No se habla de ningún curso de verano, porque en la política no hay verano. No hay tregua. Todos se juegan nos jugamos mucho. Y el Rey, atento también a la pantalla. De los movimientos sísmicos empresariales, porque quien se va a ir ha sido buen vasallo del Señor, y de los políticos, porque está convencido de que España necesita un cambio. Y pocos lo saben mejor que él. Pues eso.