Trazo estas líneas antes de conocerse el resultado del terremoto que se produce en Grecia en forma de Referéndum del miedo europeo. Un asunto aparentemente de claves y secretos económicos pero de fondo claramente político. De esta política europea en la que el déficit de verdad preocupante es el democrático. De esta Unión Europea en la que manda gente que no ha sido elegida por los ciudadanos y en la que la Troika se mueve como pez en el agua de la crisis que nos asola por unas políticas nefastas que padecemos desde hace años.

Dicen los prebostes de la cosa que en el Euro se entra pero no se sale. Veremos. Lo evidente es que Tsipras y su ministro pijo y motero tratan de ganarle el órdago a los hombres de negro y a la estricta gobernanta Merkel, mientras estos pretenden fulminar al osado y recién aterrizado gobierno griego para que los ciudadanos de este país sigan en la miseria y para dar ejemplo a los que quieren repetir buena parte del modelo. Y lo único claro es que esta fiesta de difuntos la pagaremos entre todos. Según Rubén Lapetra, que cita al Royal Bank of Scotland, la salida de Grecia de la moneda única nos costaría 240.000 millones de euros, el doble que la opción más onerosa que se baraja para reestructurar su deuda.

Pero esta es una batalla política. Y mañana, conocido el resultado de la consulta, comenzarán de nuevo las negociaciones. Bien con un Tsipras igual de débil pero con sensación de reforzado, bien con un Gobierno de salida pendiente de unas nuevas elecciones. Y el mundo entero pendiente de la posibilidad de que Putin aproveche la jugada para hacer un movimiento en el tablero que desencaje las piezas, con la amenaza del Ejército Islámico que pende sobre nuestras cabezas y nuestros gobiernos.

Europa, por la mala cabeza de quienes han gobernado, no es una Unión. El sueño que iluminó el Tratado de Roma, el sueño de los europeístas con talento, se ha quedado en un club reducido de hombres y mujeres grises dominados por el señor Mercados, que no tiene alma. No existe una Europa de los ciudadanos. Las instituciones comunitarias tienen, decía, un déficit democrático insuperable, y cuando algunos funcionarios han tratado de denunciarlo desde dentro, han sido tratados de locos y apartados de sus puestos. Y la locura de una moneda única con diferentes políticas fiscales.

La mediocridad de los políticos que hemos ido eligiendo, y no solo nosotros, nos ha llevado a esto. Pero claro, vivimos años de burbuja, y todo vale, y gastamos porque la cosa va como un tiro. Pero el tiro nos lo estábamos dando en nuestros pies.

Ahora, el conflicto es entre un Tsipras que quiere darle una lección a los prepotentes mandamases de la Unión y unos dirigentes europeos que desean que el referéndum sea el suicidio de Tsipras y su política osada, egoísta, valiente y disparatada. Pero ojo, que si gana el NO la cosa se pone interesante. Porque sería una pista para otros aventureros también de pocos escrúpulos que se sentirían machos alfa frente a los amos del cortijo.

Estaremos atentos a las pantallas. En este duelo hay mucho órdago, algunos faroles, pero todos nos jugamos mucho. En lo económico y en lo político. E insisto, hay demasiados idiotas en nuestra política europea, excesivos desahogados que se ocupan de lo suyo, de su interés propio, sin atender al interés de los ciudadanos y la cosa pública.