Está el patio que arde. Hay negociaciones a todas horas. Arden los teléfonos. En los cuarteles generales se desborda el café. Y ojo, que pese a tanta foto de los unos y los otros previas a los contactos oficiales, buena parte de lo que se cuece sucede entre bambalinas y no nos enteramos hasta el final. Hay mucha tensión en estas negociaciones a las que no estaban acostumbrados PP y PSOE. Los emergentes partidos Podemos y Ciudadanos se dejan querer y se ponen duros. Pero queda mucho que tejer, y me malicio que vamos a llevarnos algunas sorpresas.

Ya ha advertido este diario de que hay quien patrocina un acuerdo PP-PSOE-Ciudadanos que aísle a Podemos. No va a ser fácil, aunque algunos están poniendo mucha carne en ese asador. Me cuentan que es más una operación inspirada por la gente de Rajoy y Sánchez para salvar algunos muebles importantes que una alternativa con visos de éxito. Pero me permito sugerirles que no descarten nada a estas horas, porque el miedo es libre. Y, aunque se hable de programas electorales, y de condiciones duras, lo que se está ventilando es quién se va a hacer con el poder. Y ese es asunto muy serio. Y ya se sabe que el poder atonta y lleva a muchos a perder el oremus.

Albert Rivera es el político más perseguido y seducido de España a día de hoy. En esta república de las ideas se ha descrito con detalle y minucia como evolucionan los acontecimientos a su alrededor, y se han adelantado los riesgos que corre. Marcello sabe más que nadie, es un sabueso de las noticias, y si él dice que en lo que está Ciudadanos es en favorecer pactos con PP y PSOE de modo equilibrado, analizando ciudad por ciudad y Comunidad por Comunidad, va a misa.

Y buena prueba de que a Rivera le temen todos hoy más que a un nublado es cómo los popes del régimen se dividen entre los que creen que hay que pactar sí o sí con Ciudadanos para aislar a Podemos y los que difunden una supuesta crisis interna por causa del hiperliderazgo de Rivera para tratar de mermar su capacidad de presión y distraerle de lo esencial.

Pero la cabeza visible de Ciudadanos es hombre cabal, mientras no se demuestre lo contrario, y sabe que pisa terreno pantanoso y que ha de afinar al máximo para no comprometer las elecciones generales, que son las buenas, y que están a la vuelta de la esquina. Ciudadanos tiene la posibilidad de levantarle la tostada a Podemos, pero en el intento puede desvanecerse. Rivera lo sabe y por ahora está jugando bien sus cartas, dejando claro que se mueve en el ámbito de los compromisos adquiridos en la regeneración democrática y que no está en una batalla por instalarse en el machito.

Ojo a todo lo que se está cociendo en el horno de los pactos. El fuste del asunto lo acredita que hasta Rajoy ha tenido que bajar al barro asumiendo la responsabilidad negociadora. Los primeros espadas en el coso. Ni media broma. Mucha tensión. Sí. Y puede que nos llevemos más de una sorpresa.