Ciudadanos ha dado un primer paso definitivo inteligente. Con la vista puesta a la izquierda, se presta a apoyar la investidura de la socialista Susana Díaz en Andalucía tras una negociación a cara de perro en la que ha conseguido compromisos de la presidenta en funciones que no se incluían en el programa electoral del PSOE: bajada del IRPF en el tramo autonómico, supresión de aforamientos, limitación de mandatos al frente del Gobierno autonómico y en los cien primeros días redacción de una ponencia para modificar la ley electoral. Respecto a los corruptos, Ciudadanos ha aceptado finalmente que no se incluya un compromiso explícito de dimisión de Manuel Chaves si es imputado en el escándalo de los ERE, aunque el papel recoge de modo ambiguo la obligación del PSOE-A de expulsarle.

En Madrid, mirando a la derecha, Ciudadanos ha cerrado un pacto con Cristina Cifuentes para que pueda ser presidenta de la Comunidad que recoge la celebración de elecciones primarias y la dedicación exclusiva de los diputados, la eliminación del aforamiento de los parlamentarios y los miembros del Gobierno regional y la limitación de mandatos a 8 años.

Lo tenían crudo Albert Rivera y su gente con los nuevos datos aparecidos sobre los casos de corrupción que asolan Andalucía y Madrid. Y aunque los acuerdos tienen un punto difuso y quedan en parte al arbitrio de Díaz y Cifuentes, Ciudadanos ha optado por facilitar la gobernabilidad en aras de la gravedad de la situación y conforme a los compromisos adquiridos en campaña de que sus votos, sin venderse al mejor postor, sirvieran para acreditar la utilidad de este partido emergente.

Con esta decisión salomónica, que acredita también poco egoísmo y poltronismo, porque no han pedido puestazos a cambio, Ciudadanos coloca en situación compleja a Mariano Rajoy y Pedro Sánchez. A ver cómo hacen ahora en el PP para poner a parir a Rivera y su equipo si, además, tras salvarles los muebles en Madrid, hacen tres cuartos de lo mismo en La Rioja, Castilla y León y alguna otra Comunidad Autónoma. Y más aún a un telediario de las elecciones generales, tras las que el PP puede necesitar a Ciudadanos. Y ojo a la campaña ansoniana para que el PP cierre un acuerdo con Rivera previo a las urnas con un compromiso de hacer presidente del Gobierno a Rajoy si la aritmética parlamentaria hace necesario a Ciudadanos para formar Gobierno.

Y Pedro Sánchez, con Susana Díaz de enemiga interna, tampoco podrá criticar a Rivera, menos aún si en el puzzle valenciano finalmente Rivera opta por apoyar a Chimo Puig para, abstención del PP mediante, evitar que Podemos y Compromís gobiernen la Comunidad Valenciana.

Inteligente movimiento de piezas en este tablero maldito el que ha hecho Ciudadanos. Ha logrado que cedan PP y PSOE en dos plazas esenciales con la mira puesta en las urnas de ámbito nacional. Y ahora reza para que Mas convoque el 27-S y Rajoy agote legislatura, para comerle la tostada en Cataluña. Lo cual le colocaría en posición excelente para jugar papel relevante en el escaparate de cara a la formación del nuevo Gobierno de España tras esta legislatura maldita de marianismo insoportable.

Y Rajoy a lo suyo. Filtrando a troche y moche, ahora, que los cambios no van a ser puro maquillaje, y que de entrada van a afectar a las portavocías del Gobierno y el partido. Un paso que merma el poder de Soraya Sáenz de Santa María y de María Dolores de Cospedal, y que pone en peligro el puesto de Carlos Floriano. Y también dejan caer Rajoy y su gente que habrá algo más. Lo veremos, pero todos esos cambios fulanistas de nada le servirán si no introduce cambios esenciales de su política que le permitan presentarse a las próximas generales trasladando al personal que ha entendido el mensaje tras las tres hostias que le han suministrado las urnas en las Europeas, Andaluzas y Autonómicas y Municipales. Porque la hostia ha sido suya, que todo lo puede en el PP, que designa candidatos, contenidos de los programas, tono de campaña y mensajes nucleares de los portavoces. El se lo guisa, él se lo come y por ahora él no asume ninguna responsabilidad. Pero queda mucho por ver. Y Mariano-se-fuerte-te-llamo-mañana ya saben que es absolutamente impredecible en su predecibilidad gallega.