Mariano Rajoy ha puesto en marcha su campaña electoral con meses de antelación designando a Jorge Moragas jefe de la cosa, y metiendo vanguardia de escaparate a los puestos de mando del partido. Porque Rajoy baraja puestos de copete lento, pero seguro de sí mismo, y sorprende siempre con despiste de sombra y movimientos de bailarín al personal mientras lee el Marca y apaga la tele para concentrarse.

Y en Barcelona, Artur Mas sigue en su espectáculo de baile en el precipicio, y reclama “máxima unidad para poner el turbo del la ilusión de la independencia”. El turbo, dice. Otro que maneja el despiste, que es lo suyo de toda la vida, desde que manejaba la Hacienda catalana al servicio de los Pujol, que despistaban la pasta de todos a sus bolsillos viajeros por el oscuro mundo de los paraísos fiscales y de los otros.

Artur Mas, ese hombre de derechas de toda la vida que ahora tiene un sueño, es, como escribe Santiago González, el hombre menguante de la política catalana, pero sus enanos crecen que da gusto verlos. El turbo quiere meter ahora Mas, cuando se huele que le levantan la tostada entre las chicas y chicos del Sí se puede y las chicas y chicos de Ciudadanos.

Por ahora los únicos que han ejercido de verdad su soberanismo han sido Durán Lleida y los de Unió, y a Mas le ha entrado el acojono. Y está en plan llamamiento permanente para conseguir una lista única y unitaria para las elecciones del ¿27 de septiembre?. Y va y añade, con el turbo puesto y la boca pequeña, “aunque yo no la lidere”. Y cuando todos creíamos que ayer iba a dar nombres de relucir de quienes le van a acompañar en su viaje a las tinieblas, se marca una reclamación a la Asociación de Municipios para la Independencia, la Asamblea Nacional Catalana y Ómnium Cultural para que le sigan y se apunten. Y habla de turbo, Mas, cuando en realidad se coloca a rebufo cobarde de quienes parecen mejor situados de cara a las urnas.

Pero Esquerra ya ha designado a Oriol Junqueras candidato, buscando además una lista de izquierdas con retratos de independientes, Unió anuncia que se presentará por su cuenta, Ciudadanos presenta a su cabeza de cartel y Colau y el resto de los nuevos protagonistas de la política española y catalana diseñan discursos sociales dejando el soberanismo para Mas.

La crisis institucional catalana supera en gravedad a la española. Artur Mas está cada día más solo y no ceja en su empeño de llevar a la ruina a Cataluña, atrapado en su propio desastre, preso de su mala cabeza e irresponsabilidad, condenado por su impericia culposa y dolosa. La sociedad catalana está en otra, acuciada por la crisis y por una peligrosa división, con la economía tiritando. Y Mas con el turbo. El turbo a toda máquina hacia el abismo. Lo malo es que puede arrastrar a los catalanes con él.