Se despachó sin sordina, en las páginas de ABC, con una entrevista muy Aznar, repleta de mensajes directos, indirectos, sibilinos y de fondo. El ex presidente y actual presidente de honor del PP ha removido el aparato y la cúpula de Génova 13. Nunca deja indiferente al personal. Ha quedado claro lo que piensa: “El PP necesita una rectificación enérgica, creíble y suficiente” para recuperar los votos perdidos…”Hoy no se sabe si el partido defiende la vida o el aborto, la unidad de España o la presencia de Bildu en las instituciones, las clases medias o la presión fiscal”. Y como remate, la posibilidad de que ni él mismo vote al PP, porque el voto no es cautivo, es de los ciudadanos.

Todo el domingo y ayer lunes no se hablaba de otra cosa en el PP. Los partidarios, elogiando al líder entregado ahora a Fazmatella, sus negocios, FAES y, de vez en cuando tocarle un poco los huevos a Rajoy, a ver si despierta. Convencidos de que con Mariano-se-fuerte-te-llamo-mañana tienen difícil ganar las elecciones. Ansiando un regreso de Aznar que no se va a producir. Y patrocinando que sea el, desde la autoridad que le reconocen, quien lancé a la carrera a un candidato o candidata con posibilidades de acabar con Rajoy, a quien responsabilizan de las tres formidables derrotas electorales consecutivas.

Los no partidarios, censurando severamente la reiterada tendencia de Aznar a aprovechar lo que ellos consideran los momentos menos adecuados para evidenciar las grietas internas. Me lo decía un veterano ayer tarde: “solo mira por sí mismo. Detrás de lo pomposo de sus palabras, desde ese púlpito en el que se instala, hace daño al partido, y lo sabe. Que nos dé lecciones sobre Cataluña, él, que se cargó a quienes podían plantar cara al nacionalismo para apoyar al golfo de Pujol y su cuadrilla. Que hable de corrupción, él, bajo cuyo mandato florecieron buena parte de los sinvergüenzas que tanto daño nos ha hecho. Y decir que igual no nos vota…Es intolerable, y Mariano debiera poner orden, pero está tocado”.

Y los acomodaticios. Conscientes de que el partido viaja a ninguna parte, reconociendo que “Aznar tiene razón en muchas cosas”, pero, cobardes e incongruentes, apoyando a un Rajoy que “está siendo masacrado desde hace tiempo por el ex presidente, que no desaprovecha ocasión para meter cizaña. Necesitamos tranquilidad, y no es momento de moverle la silla a Mariano”.

Y los que hablan con la canallesca, pero siempre off the record, con pavor a que se les identifique, nadando entre dos aguas: “Esto ha de cambiar. Mariano tenía que haber acometido una reforma más a fondo del partido y el Gobierno. Necesitamos un impulso, porque hay tiempo hasta las generales. Pero hay que confiar en el jefe. Y comprender a Aznar, que sufre viendo las dificultades, y tiene derecho a advertir que la cosa está difícil, pero tiene remedio”.

Y los que sólo piensan en lo suyo: “Ahora toca estar quietos. En tiempos de turbulencia, no hacer mudanza. Todos juntos, unidad, no lavar los trapos sucios en los medios. Y a trabajar”. O sea, a esperar que el dedo que todo lo puede decida si cuentan con ellos. Si es que sí, miel sobre hojuelas. Si es que no, a largar y que cada palo que aguante su vela.

Así está el PP. Mal. Y otra vez el run run de que Rajoy podría no agotar la legislatura y convocar en septiembre, preocupado como está por la que se les avecina en Cataluña. Asunto del que habrá que hablar mucho. Escribo en el andén de la Estación de Sants, camino de Madrid. En el PP catalán los cuchillos vuelan. Alicia Sánchez Camacho parece tener las horas contadas. Los Fernández son señalados como culpables y más de uno busca su sitio. Un carajal, vamos. El carajal del PP.