Me cansan estas campañas tan ancladas en la vieja política hasta en los nuevos que llegan para cambiarlo todo. Hastían las promesas a granel, las ocurrencias de saldo. Saturan los ejercicios de malabarismo trilero en la presentación de la mercancía, tan usada. Desespera esta carrera en pelo por superar el exabrupto. Aburren las batallas internas de unos y otros. Y no deja de sorprender que haya quien compre un género tan desgastado, baratija de mercadillo.

Rajoy y su equipo gubernamental de funcionarios, registradores y demás números uno de su promoción, intentan volver a la política, pero llevan tanto tiempo colgados de la brocha de los datos macroeconómicos en lo alto de la escalera que ahora bajar se les hace imposible. Por más que lo intenten, por más que en el último Consejo de Ministros utilizaran su puesto para beneficio electoral propio con una batería de medidas de “gasto social”, para contentar a desencantados en la hora undécima, el desapego del personal es mayúsculo.

Se saben en un apuro, y tienen a todos los popes del Ibex 35, los que manejan y se llevan la pasta, los que garantizan en futuro de los suyos, desplegando todos sus encantos en forma de billete de 500 euros en terminales mediáticas y creadoras de opinión para intentar salvar los muebles del régimen, buscar “consensos” donde ellos cortan el bacalao. La pasta se mueve en direcciones concretas, y como el dinero no da la felicidad, pero ayuda a perseguirla, con el se pueden evitar opiniones incómodas. Los que mandan, los que están detrás de los casos de corrupción sin salir nunca, los que engrasan el régimen corrupto, los que lo pueden todo desde la sombra de sus despachos andan también que no les llega la camisa al cuerpo. Y se están empleando a fondo.

Y repaso el informe EY sobre corrupción mundial, y lo entiendo todo, pero me enfurezco. Nada más y nada menos que el 69% de los ejecutivos de España que han sido consultados para ese trabajo creen que el soborno y la corrupción están justificados y son habituales para generar beneficios empresariales. Que vergüenza siente uno de esos ejecutivos del trinque. Y así están las cosas, porque a por ellos no va nadie. Los corruptores siempre se van de rositas, cuando sin ellos no habría corruptos.

Y Rajoy en bici junto a Cifuentes y Aguirre, de paseo electoral patético. No son los únicos. No montan en bici en su vida, no pisan un mercado, no salen a la calle solos a vivir la vida, no salen de su burbuja y sus coches blindados, pero en campaña nos quieren dar el pego y se montan la farsa a pedales. Y se les ve el ombligo, como a la luna de Fito, porque no tienen pericia en lo mundano, y se les ve que por no saber no saben ni montar en bici, como Rajoy, por mucho que lea el Marca y nos diga que lo hace cada día. Si fuera cierto sería peor a la vista de las imágenes que hemos visto, bamboleándose a punto de la caída.

Y Monedero al fondo. Tras largar contra la casta de Podemos, echar un órdago y perderlo, ser liquidado entre abrazos, aceptar una entrevista el La Tuerka con su liquidador Pablo Iglesias e incorporarse a la nómina de comentaristas de Las Mañanas de Cuatro (bienvenido, Juan Carlos), acepta una entrevista con Juan Cruz donde lo clava: “La moderación desarmaría a Podemos”.

Juan Carlos Monedero, desde la discrepancia radical en lo ideológico y en las relaciones con la Hacienda pública, me parece lo más coherente en el universo podemita. En cada una de sus aseveraciones camino del ostracismo lo ha clavado. Podemos, sin su lado radical, seno de indignados, refugio de cabreados y escaparate de revolucionarios, y hasta sin su careta gamberra, no es nada. Podemos enfundado en el traje de la política antigua que criticaban se va a diluir como un azucarillo antes de lo que Pablo Iglesias, Errejón, Bescansa y compañía creen. Por el centrismo Podemos no avanza un milímetro. El territorio de los acomodados al sistema, moderados de izquierda y derecha, personal de orden, galante con el stablishment aunque digan combatirlo es un territorio donde ya no cabe un alma más.

O sea, que en línea con lo que sostiene Monedero, si en Podemos ganan los partidarios de utilizar el partido para llegar al poder y una vez allí confundirse en el paisaje, Podemos no es nada. Solo lo será si sigue siendo la fuerza capaz de aglutinar a quienes quieren “tomar el cielo por asalto”, a quienes quieren romper con los que ellos llaman el sistema, quienes quieren darle una patada a la mesa para cambiar de juego. Podemos y la moderación socialdemócrata a la escandinava son incompatibles. Por eso prefiero a Monedero, que no engaña. Y por eso está ahí, al fondo, confundido en el paisaje. Pero ahora la va a liar cada semana en la tele. Este sí que sabe. E igual llega a tiempo de amortiguar la caída de los que fueron sus amigos. Igual puede.