La ya ex alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, en conversación con Serafín Castellano, al oído, robada por un micrófono avispado, hizo el mejor resumen sin duda de la noche electoral del domingo: “Que hostia, que hostia nos han dado”. Clavado. Un hostión de dimensiones considerables. Que debiera tener consecuencias.. Pero anoche salió Rajoy y lo dejó claro. A él no le sacan del machito ni a hostias. Le importa una higa demoler el partido, hundir a toda la tropa. Él no va a mover un dedo y a quien Dios se la dé, San Pedro se la bendiga.

El resultado de las elecciones autonómicas y municipales deja herido de muerte al PP. Tres símbolos del régimen que tiembla y de la vieja política ya sin futuro, Rajoy, Esperanza Aguirre y Rita Barberá, ejemplifican la catástrofe a la que el presidente lleva a su partido. Porque es Rajoy quien ha gobernado España estos tres años y medio, es Rajoy quien ha marcado la línea de campaña, es Rajoy quien ha colocado a dedo a los candidatos, es Rajoy el que se ha paseado por España, incluso en el avión que usa Florentino Pérez (otro en el ocaso), para dejar claro que manda el, es Rajoy el responsable del mensaje nuclear que ha lanzado el PP a los ciudadanos.

Lo sucedido abre un horizonte complejísimo para el Partido Popular. Buena parte de los barones, antes de entrar ayer en la sede de Génova para el Comité Ejecutivo Nacional (CEN), reclamaron autocrítica, una lectura atinada de lo sucedido y la asunción de responsabilidades. Pero Rajoy les dejó con un palmo de narices. El que manda fue muy claro. Él considera que el resultado es mejorable, pero reivindica que han ganado las elecciones con un popurrí de datos arriolescos que producen risa floja. Él deja claro que no va a hacer cambios, que no hay responsables del desastre, que el es el mejor candidato posible para las generales (tampoco tiene abuela) y achaca lo sucedido a la escasez de recursos económicos de las autonomías, a la crisis y a la corrupción. Y dice que ahora tienen que ser más próximos, más cercanos y más comunicativos. A buenas horas Mariano-se-fuerte-te-llamo-mañana. Y claro, al terminar, ni un aplauso, pero tampoco nadie en ese CEN tuvo arrestos para levantarse, poner pies en pared y exigirle al responsable de la debacle que de un paso atrás y evite que el edificio se derrumbe. Porque Rajoy se ha cargado el PP. La debacle, su origen y sus consecuencias no hacen previsible ninguna recuperación de aquí a las generales. Lo que apunta es la liquidación por derribo.

Pero el PP o se renueva a fondo, o retira del escaparate tanta mercancía rancia y desgastada, o se va al garete. No serían los primeros. La situación de extrema debilidad institucional y política en que se encuentra el partido exige de Rajoy que convoque de una vez un Congreso que estatutariamente debía haber convocado. Además, Rajoy debiera anunciar que él se retira tras el desastre de su gestión, la mayoría absoluta más desaprovechada jamás conocida, y adelantar un calendario sensato para disolver las cámaras y convocar elecciones.

No va a suceder. Lo que está ocurriendo, según me cuentan, es que el acojono tiene bloqueado al partido y que las trituradoras de papel están ardiendo en muchos despachos oficiales, lo cual va a requerir de mucha auditoría, y si vienen infartos, que vengan.

El ERE al que las urnas han sometido al PP tiene otra consecuencia grave para el partido que tiene preocupados a muchos. Según adelantaba ayer Eva Belmonte en Civio, la derrota le cuesta al PP al menos 5 millones de euros, con lo que ello supone.

Y en el resto, Pedro Sánchez y el PSOE han salvado los muebles por la mínima y va a poder paliar un resultado objetivamente insuficiente porque va a alcanzar el gobierno de algunos ayuntamientos y comunidades conformando acuerdos o coaliciones de varios partidos que no serán fáciles de gestionar. No parece ser el PSOE a día de hoy una alternativa de carácter nacional solvente si tenemos en cuenta que las candidaturas de izquierda radical le han ganado por la mano en Madrid, Barcelona y Valencia.

Podemos le ha ganado votos al PSOE, ha hecho una campaña inteligente y sus acuerdos de agrupación en algunas capitales les han posibilitado, ni más ni menos, que poder hacerse con las alcaldías de Madrid y Barcelona. Ahí es nada. Pero ojo, que tanto Manuela Carmena como Ada Colau les han aportado votos que no son suyos, y ambas mujeres, las dos con carácter, ya en campaña han marcado distancias con Pablo Iglesias y sus muchachos y seguirán haciéndolo en el ejercicio del poder. La cosa no va a ser sencilla.

Albert Rivera y sus ciudadanos han conseguido un resultado excelente. El joven Rivera ha acreditado perspicacia. Ha ido a rebufo de Podemos, tiene su camino bien diseñado y ha sido muy claro tras el recuento. No van a entrar en ningún gobierno municipal y autonómico. Quien quiera apoyarse en ellos para gobernar deberá firmar, por escrito, sus reivindicaciones, su programa. Y si no, que se busquen a otro. Está más que bien situado de cara a las generales y si es capaz de gestionar bien las semanas que se avecinan de negociaciones, puede salir más que reforzado.

Artur Mas ve más que comprometido su sueño soberanista y a ver qué hace ahora con esas elecciones que anunció para el 27 de septiembre, después de su debacle. Lo tiene crudo el presidente catalán, y se lo ha ganado a pulso, no le restemos méritos.

Izquierda Unida se ha visto desbordada por la irrupción de Podemos y aunque el millón de votos cosechados le permite mantener la respiración con oxígeno, no va a poder salir de la UVI. Y UPyD, ¡ay UPyD!. Rosa Díez se ha cargado definitivamente un partido que jugó su papel más que bien en su momento, y ha desaprovechado la oportunidad, al no aceptar unirse a Ciudadanos, de convertirse en la segunda o tercera fuerza política de España. Es lo que tiene el egocentrismo.

O sea, que se avecinan semanas, meses, de alto voltaje político. Las negociaciones van a ser largas, complejas y a cara de perro. Una nueva política para la que me temo que algunos no están preparados. Y el IBEX 35 con los huevos de corbata. Porque ven que se acaba el chollo, que el personal está hasta la cobertera del régimen. Desde el domingo las cosas ya no van a ser igual. Ojalá sea para mejor. Es lo que todos, o casi todos, esperamos. Pero a Rajoy, ya lo ven, no le sacan del poder ni a hostias. Electorales, claro. De las de Rita Barberá.

PS: Y hablaremos y escribiremos del papel que puede jugar en el PP Cristina Cifuentes. Ojo a la futura presidenta de la Comunidad de Madrid. Que no es Esperanza Aguirre.