La política española, más ahora en esta campaña electoral permanente que vivimos, se ha convertido en una patética subasta en la que se retratan todos para regocijo de los que mandan en las grandes corporaciones llenando su billetera sin remilgos morales. Escribo estas líneas antes de que se vote en el Parlamento andaluz, donde ayer se vivió una sesión para la historia.

Susana Díaz, que tiene un cuajo formidable, se marcó un discurso de investidura que será analizado en las facultades de políticas. Ofreció de todo y a todos, porque no hay ideas, no hay programas, no hay deseo de gestionar la cosa pública con eficiencia y excelencia, sólo hay un objetivo, el poder, a cualquier precio, y para conseguir lo que se pretende vale todo, todo vale.

Díaz, que en la anterior legislatura en la que aterrizó a mitad de camino prometió casi veinte leyes y solo aprobó dos, ofreció ayer casi veinticinco textos legislativos. Había de todo: leyes que serían deseables, otras incumplibles, algunas inconstitucionales, varias contradictorias con lo que ha practicado desde que llegó, buena parte de ellas inasumibles para Andalucía y fuera de su alcance porque han de aprobarse en el Parlamento español, otras ridículas e insuficientes y la mayoría sin ningún tipo de concreción presupuestaria. Una campeona, Susana Díaz.

Y al final, la clave: “La corrupción es un problema de todos y si todos queremos acabaremos con ella”. Me parto la caja. De todos, dice Susana Díaz. La duda ahora es si Albert Rivera y los palmeros de Pablo Iglesias entran al juego y facilitan con su abstención (hoy no, pasado mañana en la segunda votación) que Díaz sea entronada. Sobre todo Rivera, Albert, que pueda acabar en cuarenta y ocho horas con todo lo que ha construido con sensatez durante años.

Como bien apuntaba en esta república de las ideas nuestro director, Pablo Sebastián, el discurso de la “responsabilidad política” de Rivera alarma y supone un cambio radical de sus compromisos iniciales que puede terminar siendo una trampa mortal para el y, por ende, para quienes hemos confiado en su política.

La corrupción no es un problema de todos. Es un problema de los corruptos y de quienes desde los gobiernos nacionales y autonómicos (PP, PSOE, CiU, PNV y compañía) han cobijado, amparado y protegido a los corruptos. Que pacten el PP y el PSOE si quieren mantener el chiringuito junto a los popes del Ibex 35 y Cebrián el palmero de turno, bombero o pirómano de guardia para obtener rédito de cualquiera. Si Albert Rivera se deja embaucar por Juan Marín y posibilita el gobierno de Díaz, puede acabar con la esperanza de que Ciudadanos juegue un papel esencial en la regeneración de España.

Y el PP, ¡ay el PP!, una subasta permanente también de ocurrencias de desayuno en desayuno. El partido que desde Aznar vende que es el único que tiene un solo proyecto para España se ha convertido en un ejército disparatado de Pancho Villa en el que cada líder local o autonómico se inventa sui propio proyecto en un festival de disparates que no se sostiene.

El último ha sido Monago, del que venimos advirtiendo aquí que está desbocado. Ayer en Madrid anunció un referéndum en Extremadura para saber si los extremeños están de acuerdo en que gobierne la lista más votada. Y anunció su voluntad de ser punta de lanza para que en esta España una, grande y libre que siempre ha defendido el PP cada Comunidad Autónoma tenga su propia ley electoral. Y todo ello en un desayuno en el que le presentó el presidente de la Junta de Galicia, y presunto delfín de Rajoy, Alberto Núñez Feijoo, y en presencia de la vicetodo Soraya Sáenz de Santamaría. Y ambos se mostraron eufóricos en el aplauso.

Está bien saber que el PP se ha convertido en fan de las consultas populares. Me imagino hoy mismo a Alicia Sánchez Camacho alentando el referéndum en Cataluña. Consultar al pueblo es sano. Viva las consultas. Y me imagino ya al PP presto a apoyar en Navarra un referéndum para ver si se quieren anexionar al País Vasco, que es lo que se avecina si en las urnas se consuma lo que avanzan las encuestas. Y quizá esté bien consultar en Madrid si la peña quiere seguir siendo la capital de España, y si no, se llevan la Moncloa a Galicia, donde el registrador de la propiedad se encuentra en su salsa y lee el Marca más tranquilo.

Yo lo que haría es un realitie en televisión. O un concurso. Podría presentarlo Jordi Hurtado. O no, mejor Wyoming o Ferreras, que queda mejor, más en sintonía con los nuevos tiempos del PP. Con el nuevo PP que lucha contra la corrupción. Seguro que hoy en Valencia Rajoy anuncia alguna consulta popular para ver si los valencianos quieren contar los millones que roban sus políticos en castellano o en valenciá. Y que se lleve de telonero a Rus, que es muy gracioso y canta que da gusto. Y más si hace caloret.

Así está lo patio. Con Albert Rivera al fondo pensándose si ayuda a hacer presidenta a Susana Díaz. ¿Y mañana a Rajoy si fuera preciso? Sería la guinda para quedarnos como Dante a las puertas del infierno, desahuciados también de toda esperanza. Patética subasta que veremos como termina.