Ayer escuché a alguien que está en la pomada de lo que se cuece en la sede central del PP preguntarse: “¿ qué han fumado esta mañana en Génova? ¿Qué sustancia han consumido?”. Una metáfora bien tirada, porque da la impresión que el batacazo del domingo ha dejado al partido que más poder había acumulado jamás en España en la puerta del infierno, y, como Dante, sin esperanza.

Se acelera la descomposición interna. Rajoy, la mano que mece la cuna, se desdijo en 24 horas. Donde dijo que no habría cambios ni en el Gobierno ni en el partido, dice ahora que se lo está pensando. Pero los admite. Muy en su estilo, ni sube ni baja. Las aguas bajan revueltas y recibe presiones. Hay abandonos en diferido. Deja las puertas abiertas. Pero de modificaciones en su política nada de nada.

Se intuye que prepara el relevo de Cospedal a fuego lento. Y ante la insistencia de algunos ministros en salir, cocina también maquillaje en el Ejecutivo. Quizá haya sorpresas.

Es tal el disparate en que se han instalado los populares, para regocijo de Podemos, que Esperanza Aguirre, disparada desde la campaña, subida a un caballo desbocado, señalada por todos los dedos, derrotada en su feudo, ha conseguido lo que parecía imposible, o sea, marcarle el paso al presidente y el resto de la tropa.

Quizá mirándose en algún espejo, Aguirre levanta la bandera del miedo a Podemos, a quien presenta como el demonio que habita los infiernos. Contradicción suma que el 15-M reclamaran de los acampados que fundaran un partido e hicieran política y, una vez que les hacen caso y les comen la tostada, dibujen a Pablo Iglesias, Manuela Carmena y los demás como el demonio come niños con cuernos, rabo y tridente.

Ya saben quienes me leen que no he votado a Podemos, que no me gusta Podemos y que no deseo que gobierne Podemos. Y saben también que desde la discrepancia, respeto al personal, y quiero vivir en democracia. Me repugnan los “cordones sanitarios” (peligrosísimo lenguaje que compara a los ciudadanos con los animales apestados), sean contra el PP o contra Podemos. Y temo que si gobernara Podemos nos trasladara a una deriva bolivariana que me parece detestable.

Creí que el disparate de Esperanza Aguirre no iba a cundir. Pero ha conseguido lo que nadie imaginaba, y el partido se ha puesto en pie siguiéndole el paso, y pretenden poner a todos a una a combatir al demonio y evitar que nos masacren.

En su dislate, irresponsable, reconoció Esperanza Aguirre ni haber leído el programa de Podemos. Lo cual retrata a la candidata como irresponsable, porque lo menos que se espera de un candidato es conocer las propuestas de sus adversarios.

El PP se lanza a apoyar la propuesta de Aguirre, con el entusiasta apoyo del Ibex 35, que viven sin vivir en ellos porque se les pueden acabar algunos chollos y pelotazos. Y ¡a por Podemos, todos contra Podemos!. Y claro, los de Podemos felices, les están haciendo gratis ya la campaña para las generales.

Y el PSOE se lo piensa todo. Como Ciudadanos. Porque la situación no es fácil, y nadie sabe nada de cómo va a terminar. Puede haber más de una sorpresa, y ojo a los “tamayazos” que pudieran producirse. Porque en esta política antigua que empieza a acabarse hay mucho negocio. O sea, que hay mucho dinero en juego y el ERE forzado en el PP y el PSOE deja a muchos probando el frío que hace en la calle. Y los nervios se disparan. Y hay gestiones, sondeos, propuestas, ofertas, y muchas escuchas de pasillo buscando debilidades. Lo feo y oscuro del régimen, que se ve al borde del precipicio. En las puertas del infierno. Y la esperanza ha desaparecido en ellos. ¿Para siempre?