Y llegó el domingo que se presume histórico, domingo de mayo en el que la peña puede ir al polideportivo o a la escuela a dejar la papeleta del cabreo, o del conformismo, o del miedo. O quedarse en casa, si le place. Pero llegó el domingo, e incluso yo, que no tengo fe en que los políticos obren milagros, percibo que este es un domingo de futuro.

Ya he escrito que menos fe que en los políticos tengo en las encuestas, porque han sido muchos ya los patinazos. Me barrunto que esta noche puede evidenciarse que no todo es como parece, o si. Hay mucho voto indeciso. Quedan horas para saberlo. El resultado de hoy nos va a servir, seguro, como termómetro de hasta donde afecta a los partidos la innegable degradación de las instituciones y la merma notable de confianza en los profesionales de la cosa pública que siempre deviene en privada.

Pero tampoco hay duda de que esta es la primera vuelta de las elecciones generales que se celebrarán cuando a Rajoy le de la gana, previsiblemente en diciembre, Artur Mas mediante. El mercurio de ese termómetro será ver donde se sitúa el desgaste del PP y el PSOE, los amos del asunto, y la capacidad de crecimiento de Ciudadanos y Podemos, los emergentes que se presumen árbitros. Estas son las municipales y autonómicas más importantes que se han celebrado en España desde hace un siglo, sin duda, y en función del resultado pueden condicionar el futuro de nuestro país durante la próxima década. Porque lo que se ventila esta vez no es a quien le toca el pastel entre los dos que se lo vienen repartiendo desde hace tantos años, sino cuantos se sientan ahora a la mesa en una modificación sustancial del modelo. Y hay precedentes, como en 1995 y 2011, en el que el resultado de convocatorias como la de hoy supusieron el preludio de lo que ocurrió en las siguientes elecciones legislativas.

Durante la noche electoral las fiestas de los partidos y el ruido de los tertulianos quizá no nos deje ver la realidad con tino. Será mañana, desde la frialdad del análisis, cuando percibamos que, hacia un lado u otro, con mayor o menor intensidad, en España se habrán acabado muchos gobiernos municipales y autonómicos de mayoría absoluta, o sea, que al PP y al PSOE se le ha acabado la superioridad, el abuso, el despotismo nada ilustrado, la dominación, el rodillo, la prepotencia. O sea, todo lo que vienen exhibiendo desde hace décadas.

Esta noche es importante estar atentos en el análisis de ajuste fino a los resultados de las municipales, a lo que pase en los Ayuntamientos, pues son las elecciones que se celebran en todo el territorio nacional. Las Autonómicas pueden despistarnos. Todos los ojos están puestos en Madrid o Valencia, que son importantes porque el PP jamás gana sin controlar estos feudos, pero no valdrá extender el análisis a toda España sin disponer de datos en Andalucía y Cataluña.

Les adelanto que al cierre de los colegios electorales, cuando arranquen los programas y las tertulias manejando cifras de las israelitas, la cosa va a estar caliente. Y les aseguro que en cuanto haya datos oficiales, vamos a asistir a una ceremonia curiosa suceda lo que suceda, porque el PP dirá que es el partido ganador en las dos convocatorias, el PSOE presumirá victorioso de haber crecido respecto a hace cuatro años, y Podemos y Ciudadanos asomarán la cabeza celebrando su aparición consolidada en el escenario se confirme su crecimiento o merme respecto a lo pronosticado.

Se acabó lo que se daba en esta campaña en la que, como siempre, todo ha valido. Desde anunciar que el hip-hop será materia escolar hasta prometer inmenso ahorro colocando a ovejas corta césped en los parques, pasando por el zumo de naranja diario en las escuelas y todo ese rosario de sandeces que nos largan de mitin en mitin, y en las redes sociales, claro, que todo lo pueden.

Ha llegado la hora. No va más. Habla el personal, libremente. En este domingo de futuro.