El oficio de periodista te lleva a veces a la tertulia. No a la del Gijón, que aún sin ser lo que era, mantiene algunas esencias. Te conduce a las de la radio y la televisión, que son tertulias de poco argumento, excesivo griterío y demasiado argumentario. Sí, argumentario, esas chorradas obvias y partidarias que le sueltan los partidos a su dirigencia obediente y a los colegas serviles. Que son más de uno.

Cuando el personal te escucha en la radio o te ve en la tele, a veces te reconoce también en la calle. Y suele suceder que se te acercan. A saludar, mayormente, aunque ahora a muchos les gusta tirar de móvil y hacerse una foto para enseñársela a la familia o a los colegas. Una foto con el de la tele. Que es así como suelen dirigirse a ti, el de la tele. “¿Usted es el de la tele?”, te asaltan, cuando no arrancan diciéndote que te ven todos los días en esa cadena a la que no te han invitado nunca.

Y cuando ya te has hecho la foto, te lo sueltan: “Dales caña, caña, hay que dar caña”. Y tú sonríes. O no. Y el marido, o la señora, rematan la faena de aliño en plena calle ante tu estupor: “Pero si este es de los que dan caña. Pero más, tienes que darles más caña”. Y ya se van, sonrientes, seguros de haberte calentado para la siguiente tertulia.

“Dales caña”. No se sabe a quién. A mí con caña siempre me ha gustado aquella frase de “a los pobres no les des pescado, dales caña”. Pero no es eso. La peña a los tertulianos nos pide otra caña. En la ciénaga en que se ha convertido buena parte de nuestra política la gente quiere caña. No se si caña en el sentido de pegar, golpear o vapulear a alguien. O quizá de aumentar la intensidad de la crítica, en general. . Quién sabe si se refieren a provocar o recriminar a quienes no dan caña a nadie por no mojarse. Deduzco que lo que quieren es que le suministre vara dura en la próxima tertulia a alguien. Pero no se a quien desean que le zurre la badana. Dudo de si debo hacerlo al Gobierno por hacerlo mal. O a la oposición por opositar escasa de argumentos y brío. O a los partidos minoritarios, por blandos. O a los contertulios con los que me siento para intercambiar opiniones, o incluso discutir, si se tercia, y se puede, que no es fácil. O a los presentadores que suelen cortarte cuando tratas de desarrollar un argumento, porque hay que meter un vídeo, entra una conexión en directo, hay que irse a la publicidad, le toca a uno que le cae mejor o simplemente porque intuyen lo que vas a decir y ni les gusta ni casa con su guión. O desean caña a los periódicos, por blandos. O quizá quieran que le de caña a las cadenas, por programar tertulias en las que no se da la caña que ellos desean. Pero quieren caña a discreción.

Y uno se queda jodido. El personal exige caña. Pero no te dice cuando, cómo, dónde y a quién suministrársela. He llegado a la conclusión de que la caña que te demandan los que se hacen la foto con los de la tele es quizá un oxímoron, y en realidad lo que quieren es que nos suministren a nosotros una buena ración de bambú. Probablemente porque nos la merecemos. ¿O no?