Escrito está en esta república de las ideas lo que pienso respecto al comportamiento de Rodrigo Rato. Poco más hay que añadir al asco que produce ver cómo quien durante años se ponía estupendo ante las cámaras (de televisión y legislativas) para exigirnos que cumpliéramos con nuestras obligaciones fiscales, resulta que lleva años evadiendo al fisco. Al estupor que provoca ver cómo quien nos fue presentado como el artífice de los años de bonanza y como el modelo de político de fuste se ha revelado como un golferas sin escrúpulos, uno más al que la ambición por el dinero le lleva a perder el oremus.

Pero no se ha reparado lo suficiente en lo abyecto del comportamiento de quienes, desde las más altas responsabilidades de Gobierno, primero comadrearon con Rato, después, conocidos sus desmanes, prepararon el terreno, para a continuación preparar la lapidación en directo para amansar a las fieras y terminar renegando del amigo y lanzando las últimas piedras a su cabeza embutidos en un disfraz de agente de aduanas.

Primero fue la amnistía fiscal, ellos que tanto criticaron las de los Gobiernos socialistas. Impunidad para los evasores, a los que se posibilita librarse de las sanciones que les correspondían a cambio de pagar un 10%. Y total para sacar de ello una minucia. Y ojo, que cuando salgan los nombres, cuando de una puñetera vez haya huevos para desvelar la identidad de los más de 700, el espectáculo puede ser atroz. Porque hay carnaza, se lo aseguro.

Después, las investigaciones de los sabuesos de Hacienda. Nombres y apellidos que pueden reventar el circo. Y claro, hay que ir poco a poco. Pero las encuestas aprietan. En Andalucía les ha ido mal. En mayo, las Autonómicas y Municipales pueden ser peor. En Cataluña amenaza desastre, debacle total. Y las generales, ya veremos cuando, pueden ser el final para siempre.

Y ahí entra en juego Rato. En el Gobierno sabían lo que había. Rajoy, Montoro, Guindos, Soraya y alguno más. Y hay batalla. Mucha. En el Gobierno y en el PP. Y se pone en marcha la maquinaria para ajusticiar, lapidándolo, a Rato, que ya no importa. Y los funcionarios de Hacienda preparan los chalecos mientras se dan instrucciones para que la Agencia tributaria no le pase el asunto a la Fiscalía Anticorrupción, sino a la Fiscalía de Madrid. Es el camino adecuado para que el espectáculo sea de órdago. En Anticorrupción ven el caso poco maduro y se trata de hacer ruido. Y ya les llegará el asunto la semana que viene, cuando la lapidación se haya consumado.

A través de terceros, que parezca un accidente, se filtra a los medios la que se avecina, se preparan las cámaras públicas y privadas, se envían policías municipales a ordenar el tráfico, se filtra el primer hilo a un digital, se advierte a los de papel que reserven hueco y salen para el lugar del crimen una docena de funcionarios ataviados para la ocasión con instrucciones concretas.

Salta la noticia. Registro en casa de Rato. Se llevan detenido a Rato. Registran ahora su despacho. Y la piedra esencial en la lapidación, la mano del funcionario sobre la cabeza de la víctima, agachándosela, mientras entra en el coche, Rato temiéndose terminar en Soto del Real, y el funcioneta del chaleco adivinando la medalla que le caerá por agradar a los jefes.

E, inmediatamente, la orgía de ministros, altos cargos y dirigentes varios del PP renegando de quien fue su jefe y amigo. Una vez que Mariano-se-fuerte-te-llamo-mañana giró el pulgar hacia abajo, fue una carrera en pelo por marcar distancias, censurar y masacrar al lapidado. Un ejercicio impúdico, indecente, obsceno, en un partido descompuesto, pero dispuesto a seguir adorando al líder aunque en privado le pongan a parir.

Mucha insistencia en que “se trata de un asunto particular”. ¡Por favor!!, ¡un asunto particular!. Como Pujol. Claro, particular de ellos, de quienes lo han hecho posible. De quienes se apoyan los unos a los otros. De quienes nos han llevado al borde del abismo y parecen dispuestos a arrastrarnos a todos en su caída. Un asunto particular, manda huevos.

Y Rajoy ayer, cara de cemento, con eso de que “el caso afecta especialmente al PP, pero no tiene nada que ver” con la amnistía fiscal. Quizá piense que los ciudadanos somos gilipollas. Nada que ver con la amnistía fiscal. ¡Por favor! Claro, el presume de no leer la prensa, y quizá cree que los seres humanos normales somos como el.

Y Aznar, callado como un muerto, mientras siguen cayendo en el saco de la corrupción sus más próximos: Correa, Sepúlveda y Mato, Alvaro Pérez, Bárcenas, Matas, Blesa, Rato….. Y el ni mú, ensanchando la caja de Fazmatella.

Esta película miserable es un déjà vu. En su día al PSOE le convino liquidar a Mariano Rubio y lapidar a Roldán, y hasta el biministro, con la ayuda de la después vicepresidenta, falsificó los pales de Laos y le dio a Paesa 400 millones de los Fondos Reservados para pagar los servicios traicioneros prestados. Y a Rajoy le vino al pelo cebarse con Bárcenas, tras enviarle los sms, para presentarse ante nosotros como el paladín de la lucha contra la corrupción. Y tantos otros casos a lo largo de la historia.

Rato se ha comportado con una indignidad indiscutible, pero quienes han orquestado su lapidación al atardecer para tratar de paliar la que se les avecina han actuado de modo repulsivo. Cada paso que dan hace crecer el granero de votos de Ciudadanos y Podemos. Veremos a ver que pasa en las urnas, pero, suceda lo que suceda, este régimen se acaba y, o acometemos un cambio profundo o será, entonces sí, el sistema, el que será arrastrado a través de las cañerías por la porquería acumulada tantos años. Aunque por el camino lapiden a alguno más, que lo harán. Tiempo al tiempo.