El PP se descompone. Es un cementerio repleto de cadáveres políticos que deambulan esperando que Mariano, el enterrador, tome decisiones que no llegan nunca. O que hable. Que ante la catarata de porquería que anega al partido en la antesala de varias convocatorias electorales, de la cara, se explique, ante los ciudadanos, y no ante el Foro Puente Aéreo, donde habitan algunos que son la repera, no se si patatera, pero sí limonera, que son las reperas de verdad. Y eso que no estaba el super abogado, al que tienen en la nevera tras haber sido condenado por delito fiscal. Pero si Castellanos, el que contrató a Rato para Lazard tras el fiasco inexplicado del FMI, que estaba ahí, en la última fila, en un rincón, pero estaba.

La descomposición del PP podría ser entendida como un problema privado, particular de quienes militan en el partido. Pero es un problema de Estado, porque los partidos son una pata esencial del sistema, y porque en su caída están descomponiendo España. El lapusus de hace una semana de María Dolores de Cospedal, al decir que el PP está trabajando mucho para “saquear” España (quería decir sanear) es muy significativo, porque es la segunda vez que le asalta. O sea, que es un lapsus reincidente, y como dice Antonio Lucas “Cospedal ha dejado trotar a su subconsciente…La política se hace con deslices que resultan ser la grieta de una verdad. Cospedal habla de saquear con una ligereza límbica propia de habitantes de países cleptocráticos”.

Montoro sacó a pasear ayer su cabreo. Manda huevos. Montoro cabreado. El ministro que está jodiendo la vida a quienes pagan sus impuestos exprimiéndoles ilegalmente sabiendo que cuando ganen sus recursos el ya estará con otros asociados; Montoro, que ha utilizado la Hacienda Pública para perseguir y señalar a los discrepantes; Montoro, cuyos subordinados han montado el circo obsceno de lapidar a Rodrigo Rato, cuya conducta no tiene pase, pero que tiene derecho a un juicio justo; Montoro, que ha utilizado la información de que dispone para advertir, amenazante, a quienes le criticaban; Montoro va ahora y se hace el cabreado.

Y el PSOE de los ERE, Chaves, Griñan, Zarrias y el resto de la banda, poniendo a parir la amnistía fiscal del Gobierno Rajoy, ellos, los socialistas, que se marcaron tres amnistías fiscales, tres, posibilitando que se fueran de rositas miles de golfos apandadores que nunca hemos sabido quienes eran.

Y entre la descomposición y el saqueo, la peña pide cabezas. Y listas. La lista de la repera patatera del director general de la Agencia Tributaria, que excitó a la opinión pública con una comparecencia merecedora de un cese inmediato. Porque no se puede jugar a gracioso en materia tan seria y sensible.

A día de hoy, con la legislación vigente, no pueden hacerse públicos los nombres de la lista de la repera. Y es inadmisible que la oposición los reclame. Yo también querría saber quienes son, especialmente los de aquellos que debieran haber sido más ejemplares por ser representantes de los ciudadanos, o cobrar del erario, y se dedicaron a engañar al fisco. Pero quiero vivir en un Estado de Derecho en el que se respete la seguridad jurídica. Y mientras no cambiemos la ley, esos nombres no deben salir.

Otra cosa es, como se está haciendo, modificar la legislación para hacerlo posible en determinados casos. Yo creo que los ciudadanos tenemos derecho a saber quienes, siendo representantes elegidos en las urnas, o teniendo responsabilidades en la Administración, o siendo contratados de empresas públicas han engañado a Hacienda. Cuando esté acreditado. Pero no es aceptable violentar la privacidad de nadie, menos aún la fiscal, en una batalla de intereses políticos que se libra al borde del precipicio en el que están tantos en nuestra política.

Como no era de recibo la amnistía fiscal del Gobierno, la penúltima. Pero menos aún ciscarse de nuevo en la imprescindible seguridad jurídica guardando una carta marcada para cazar a posteriori a quienes se han acogido a esa amnistía. No se puede convocar una exoneración para quienes hubieran defraudado a cambio de un pago reducido para, una vez cerrado el plazo, cambiar las reglas del juego y abrir la cacería de quienes se han acogido a esa regularización. Y eso es lo que han hecho Rajoy y Montoro, un comportamiento trilero tan inaceptable como el de quienes nos han engañado a todos evadiendo dinero y ocultando su pasta a Hacienda.

Aquí ha habido un saqueo, aunque lo de Cospedal fuera un lapsus. El PP de descompone a toda prisa. Pero lo peor es que a este paso acelerado quien se va por el sumidero es España. Mientras los grandes partidos se despellejan tras dejarnos tiesos, el horizonte se nubla, y peligra el futuro inmediato de nuestro país, que va a necesitar no menos de dos generaciones para salir de la insoportable crisis moral, ética y de principios a la que nos ha llevado una banda de desahogados incapaces que ahora parecen dispuestos a todo menos a asumir responsabilidades y apartarse del camino para que podamos salir adelante. Un drama.