No cesa la algarabía en el Partido Popular. Las cuentas pendientes son muchas, se acercan elecciones, hay amenaza de paro para varios miles de cargos públicos y colocados y enchufados varios y cada quien se busca la vida. Algunos creo que no son muy conscientes de que tienen cabreado al jefe, y mientras lo sea, es mala cosa tenerle como enemigo, porque termina por liquidarte y siempre parece un accidente.

Tras la orgía de autocomplacencia del martes, no deja de hablarse de los versos sueltos, que dijo Gallardón. Han crecido como la espuma al avistarse la cita con las urnas. Unos lo declaran de modo abierto y sin tapujos, como Esperanza Aguirre o José Antonio Monago, y otros más de tapadillo, por la vía de los hechos pero sin verbalizarlo en exceso, como Cristina Cifuentes. Y Rajoy se ha cabreado.

El caso que más le duele es el del presidente extremeño, porque Monago era su niño mimado. Incluso en su día le comentó a más de uno que apuntaba maneras y que era el perfil del PP del futuro. Pensaba que si consolidaba su entonces incipiente carrera, auspiciado también por Jorge Moragas, podría hasta ser candidato a sucesor. Pero se le ha atragantado, e incluso entre la guardia pretoriana de Mariano-se-fuerte-te-llamo-mañana a los rebeldes les llaman ya “los monagos”.

Hablo con una persona que trabaja en Moncloa. La percibo indignada. Me dice que el presidente “no tiene miedo a que cada uno se exprese como quiera, incluso a que marque cierta distancia, pero de ahí a la deslealtad, la ingratitud y la traición hay un paso muy corto. Y algunos lo han dado”.

Se refiere no tanto a aplicar a sus campañas ideas propias que no están en el argumentario oficial para obtener un buen resultado, “lo cual a todos nos parece acertado, sino a renegar del partido, del presidente, que es quien les ha colocado, de las ideas esenciales, de las siglas, de los colores y hasta de reivindicar las políticas que han sacado a España de la crisis”.

Según hablamos se va calentando más y más: “Cuando las cosas iban bien y fueron instalados donde están por el presidente, estaban felices, presumían de marca. Ahora abjuran, se distancian, se dicen centristas frente a un partido excesivamente de derechas, y llegan a hacer actos de campaña sin mencionar no ya a Rajoy o al Gobierno, sino al partido y sin que aparezcan las siglas, como si se presentaran por su cuenta. Pero la fiesta no la pagan ellos”.

El video rapero de José Antonio Monago ha sido la guinda. La rapera extremeña “Discípulo de la rima” aparece por las calles de Mérida junto a un campeón de breakdance y habla de Monago sin que se vea el logo del PP hasta el final y en tamaño minúsculo. Me pregunta mi fuente: ¿tú has visto el video?. Manda cojones. Va y dice que hay que creer en las personas más que en los partidos, que ahora los rojos son azules y que a Monago el color le importa poco. Alucina. Pero el video lo paga el PP. Si no le gusta su partido y le avergüenza, si le importa una higa la ideología, si no está de acuerdo con las políticas esenciales del partido al que representa, que se largue, que se pire, que funde un partido, que lo financie él, y a ver como gana las elecciones. Ya está bien, hombre, ya está bien de monagos”.

Y no es sólo el presidente extremeño. Esperanza Aguirre está también en el punto de mira: “Va de reinona. Marca distancias en cada intervención pública. No deja de decir que su candidato a la Comunidad era Nacho González. Ella, que en lo que se refiere a selección de personal no ha dado una, corruptos muy cerca, y Rajoy sin rencor le posibilita ser candidata por el bien del partido, con todo lo que ha llovido, y ni por esas. Y buscando la bronca pública con Cristina Cifuentes, con la que forma ticket electoral”.

Y Cifuentes, que sale a relucir también: “Y Cristina, más elegante en las formas, incluso elogia al presidente, pero ahí está, republicana, a favor del aborto, en contra de la política fiscal que nos hemos visto obligados a aplicar en contra de nuestro criterio. ¿Qué pintan en el PP? Porque es el PP quien les presenta en sus listas, con el programa del PP, con la historia del PP detrás, lo malo y lo mucho bueno, si no, ¿de qué iban estos a ganar unas elecciones?”.

Me cuenta que, pese a que son decenas los cabezas de lista que han trasladado a Génova que no quieren a Rajoy ni a sus ministros en campaña en sus municipios o Comunidades, o que desean una presencia mínima, “el presidente ha trasladado ya su decisión, y por lo tanto una orden tajante, de estar muy presente en la campaña, el y los ministros. Como ha trasladado la orden de que los dirigentes y candidatos deben dejar de liarla, de generar polémicas, y han de ponerse a trabajar, porque hay que salir a ganar”.

Respecto a Soraya, Cospedal y Arenas, me dice que la vicepresidenta “está muy fuerte en el Gobierno, el presidente confía en ella y no merma su poder en el gabinete. María Dolores ha salido reforzada de la última semana. Y Arenas, no os equivoquéis, sigue siendo amigo del jefe, está en su sitio, sigue influyendo y controla Andalucía”. O sea, que su relevante papel en el PP en los años más oscuros de la Gürtel no le han dañado, y Rajoy templa gaitas, por ahora, y se centra en lo suyo. Después de las elecciones de mayo, en función de los resultados, las cosas pueden cambiar.

Y concluye: “Que se vayan del partido. No sabemos estos monagos qué pintan aquí. Porque no hay más remedio, porque a estas alturas no hay vuelta atrás, pero es muy feo, en un momento tan delicado, con tantos riesgos, que actúen de este modo. No hay derecho. No tiene nombre”. Toda esta perorata, en boca de alguien que trabaja cerca de Rajoy, es un aviso a navegantes. Rajoy no olvida. Se calla, pero lo archiva todo. Y pasa factura. O sea, que a “los monagos” no les va a salir gratis haberse constituido en versos sueltos. Les llegará su momento. Porque así es esta política, en el ocaso, pero vigente. Aún vigente.