La peña se va de vacatas de Semana Santa y en Madrid algunos nos quedamos, porque es cuando hay que quedarse para poder ver la ciudad, que es mucha ciudad. Y estamos felices viajando por la urbe que cada día nos tiene secuestrados en la tensión. Y en el PP tampoco se han tomado vacaciones. Tienen las espadas desenvainadas y no paran. Arenas movedizas en el partido que gobierna España.

Hay run run de movida para el martes. Apuestas a que Mariano-se-fuerte-te-llamo-mañana va a aprovechar la Junta Directiva Nacional del martes para liquidar a Cospedal. Ya se lo decía yo el jueves. El jefe del PP es como Gandolfini, mi Soprano favorito. Se los pule sin piedad y siempre parece un accidente. Veremos si sucede esta semana o espera al galletón que pronostican para las elecciones de mayo. Con Rajoy nunca se sabe. Feijoo calienta la banda. Y el resto del banquillo, a la greña.

El batacazo en las andaluzas ha sido la espoleta. Nadie quiere asumir la responsabilidad de la derrota andaluza. Cospedal apela, con razón, a que Moreno Bonilla fue una imposición de Rajoy, Soraya y Arenas. En Moncloa censuran el diseño del responsable de la campaña, Carlos Floriano, como si Floriano mandara en el PP. La batalla entre Arenas y Cospedal es a muerte, y parece que el jefe está harto… de ella, porque Arenas es uno de los suyos..

Cospedal, cabreada por las filtraciones interesadas sobre un posible abandono de la secretaría general para dejarle hueco a Arenas, ha aprovechado la Semana Santa para mandar al frente a su portavoz en Castilla La Mancha. La secretaria general conoce el paño, y sabe que Arenas es el rey de tirar la piedra y esconder la mano. Y por eso lanza a Carmen Riolobos, a liarla en público, acusando a colegas de la dirección del PP de desestabilizar al partido. Después fue Agustín Conde, diputado por Toledo: “todos los que ponen en duda la unidad del partido hacen mucho daño al PP”. La secretaria general del PP andaluz, Loles López, respondió a los castellanos, y pidió un respeto para quienes han convertido “su partido en una guerra de familias o de egos para subir escalones en la política nacional”.

Rajoy, en Doñana, rumia mientras blande la espada. Cospedal se ha comido todos los marrones, es la número dos del PP y cargársela ahora, en vísperas de elecciones, no encaja en su estilo. Pero no le gustan sus últimos movimientos. Arenas es amigo, se sabe todo, como Rajoy, lleva en el machito de Génova de toda la vida, y ha manejado las cloacas. Y tiene mala leche, nunca va de cara, y con su sonrisa forzada puede liarla si le tocan los bemoles. Y los barones y alcaldes hasta la cobertera de quienes mandan en Madrid, porque los que se presentan a pedir el voto son ellos, y lo tienen crudo.

La cosa está muy tensa, y caliente. Rajoy va a tener que actuar. O se carga a Cospedal, lo cual le generará algunos problemas que le preocupan por las consecuencias políticas y juridicas que podría tener, o se pone serio y mete en vereda y pone firme al ejército de francotiradores que se han propuesto abatir a su objetivo. O sea, que esta vez lo que no le vale es esperar a que escampe, que es lo que le sale.

¿Dónde está el PP?, se preguntaba Aznar en público durante la última convención popular. Pues aquí está. El PP está en las manos de Mariano-se-fuerte-te-llamo-mañana. Rajoy es el único que manda. No hay más. Ni la secretaria general, ni los vicesecretarios, ni los portavoces, ni los jefes de campaña, ni los responsables de incomunicación. El PP es Rajoy, y está en Doñana, Pero el martes están todos en Madrid, arenas movedizas, y fuego a discreción. Y Aznar, ¿dónde está Aznar? Porque buena parte de los males del partido se gestaron durante su mandato. Pero Aznar está con Fazmatella, en sus business, ganando un pastizal.