Esperanza Aguirre, aspirante a alcalde de Madrid por el PP, fue protagonista ayer por doble motivo. No hay un día que no ocupe escaparate mediático. Primero fue la difusión, a horas de que la Audiencia decida sobre si su incidente con los agentes de movilidad fue delito o falta, de unas conversaciones entre los agentes y unos policías nacionales que según la mayoría del personal vienen a corroborar la versión policial, o sea, que Aguirre se dio a la fuga y desobedeció a la autoridad. Intencionada interpretación que decantaría la cosa por el delito.

Me parece admirable como para algunos, generalmente autodenominados de izquierdas, lo que dicen estos agentes va a misa, Aguirre debe ser empapelada, condenada y, por supuesto, inhabilitada. Esos mismos defensores de la pureza democrática y de la presunción de veracidad de las versiones policiales se ceban con los maderos de cualquier uniforme si se exceden con manifestantes de su cuerda y ponen en entredicho las versiones y los informes policiales. El juego es genial. Si la víctima de un exceso policial es correligionario, la poli mentirosa no tiene un pase; si es un adversario político, la palabra de la poli va a misa.

Yo cuestiono desde hace mucho tiempo que la ley deba otorgar presunción de veracidad si o si a las versiones policiales. La realidad, y no hay más que pasearse por los Juzgados de toda España, es que en el ámbito de los asuntos de tráfico, y en muchos otros de más fuste, hay reiteradas mentiras policiales que son dadas por verdad por sus señorías con el efecto de que son condenados en falta o delito personas inocentes.

Creo que Aguirre estuvo poco inteligente en su reacción posterior, y probablemente fue algo imprudente en su actuación. Pero, ¿qué hacían seis agentes, seis, para multar a una ciudadana? ¿Qué sentido tiene? De lo leído y escuchado me inclino por creer a Aguirre frente a esos agentes. No es lo mismo seguir tu camino tras identificarte y golpear una moto policial sin intención de hacerlo que darse a la fuga y embestir a un vehículo.

La Audiencia decidirá si hay falta o delito, y después habrá juicio y sentencia que acataremos. Pero uno tiene derecho a, visto lo que he visto, que ha sido mucho, tender a no creer a los policías de tráfico y a los agentes de movilidad, algunos de los cuales hacen lo mismo que Esperanza Aguirre, y tantos otros, con la diferencia de que a ellos nadie les multa, ni pretende soltarles la chapa una vez multados.

Pero lo sustancial ayer vino después. En un acto electoral, acompañado por el presidente balear Bauzá, tras desayunar con Rajoy, o quizá porque se les atragantó el desayuno, la candidata a alcaldesa se comprometió a estudiar la prohibición de que se duerma en la calle en Madrid porque esa imagen perjudica al turismo: “La Comunidad y el Ayuntamiento tienen servicios sociales más que de sobra para acoger temporalmente en albergues o alojar de forma permanente en viviendas de protección a todas las personas que no tengan hogar. Otra cosa es que se haya decidido, no se por qué, que dormir en la calle está permitido”. La escuché y no daba crédito.

Si lo ha dicho hay que deducir que lo piensa. Estas gravísimas palabras revelan una insensibilidad obscena, un clasismo recalcitrante insoportable, un autoritarismo inaceptable y un desconocimiento de la realidad social que se vive en Madrid y en España que incapacita a Aguirre para ser alcaldesa.

¿De verdad que quiere convertir en delito, en ilegal, dormir en la calle? ¿Quiere reintaurar la ley de vagos y maleantes? ¿Piensa de verdad la candidata Aguirre que la peña duerme al raso por divertimento? ¿Se ha molestado en saber cuanta gente duerme en la calle y por qué? ¿O por qué aquellos que se ven forzados a morar en la rue no están en un albergue o en un piso de protección oficial? Es tan insólito e indignante que hay que contar hasta diez antes de escribir lo que se piensa. Podrá ser alcaldesa si el PP es la lista más votada, pero se abren las carnes de pensar que pueda ser así. ¿Va a crear un cuerpo policial especial la señora Aguirre para trincar a los sin techo y mandarles a dormir a un calabozo porque queda feo para los turistas?¡Dios bendito que dislate! Al turismo le perjudica que tengamos unos políticos de este nivel. Eso sí que perjudica.

Era el remate a un panorama desolador en el PP. Entre Rajoy que anuncia que será candidato sí o sí en las generales (que habrá que verlo) y le dice al moderador de su desayuno, o al auditorio, que confíe en él y todo ira bien; la corrupción que no cesa y todo lo demás, Aguirre lo remata con unas palabras que hieren al más insensible al drama social que vivimos en España. Esta gente o no se entera, o no se quiere enterar, o tiene una jeta que asusta. ¿Qué hemos hecho para merecer esto? Además de votarles, claro