El miedo aprieta. Ya se han metido un galletón en Andalucía, se temen una debacle en las autonómicas y municipales de mayo, la militancia y la dirigencia está harta de estar harta en su cobardía habitual y ahora va Rajoy y convoca la Junta Directiva Nacional del PP para el martes. Dicen que para que el líder les transmita ánimos, aunque en realidad el acto es una foto de portadas después de que la jefatura les traslade ordenes, instrucciones, doctrina y argumentarios pero en directo, en vez de a través del correo electrónico. En Madrid se van a juntar más de 500. A ver quien es el guapo que con un par se levanta y le pone en su sitio al jefe. Eso sí, Mariano les pedirá que se pongan estupendos en la campaña, mucha foto con la peña, mucha calle, muchos besos a las señoras, caricias a los niños y abrazos a los caballeros, con sonrisa profidén y atentos a los directos con los telediarios.

A buenas horas convoca Mariano-se-fuerte-mañana-te-llamo a su peña de sumisos obedientes y largones. Conviene que sepan ustedes que ha incumplido los Estatutos de su partido, que le obligaban a haber convocado mucho antes esta Junta. Y Rajoy no la convocó a pesar de que Alejo, Abascal y otros lo pidieron por escrito. Pero ni les respondieron. Los Estatutos del PP, como tantos Estatutos, son papel nada higiénico que se pasan por el forro sin miramientos, sin despeinarse. Ahora se ponen estupendos. Y se van de Junta.

Al jefe no le llevan la contraria. El martes le aplaudirán todos en pie, todos a una, ese hombre. Pero a los periodistas nos cuentan cada día sin cortarse. Que si están hasta la cobertera, que si así no hay quien viva, que van camino del desastre, que hay que colocar ya a alguien a tiempo completo al frente de la nave, que hay que nombrar a un nuevo responsable de campaña, que Arenas es el hombre (¡toma modernidad y regeneración!), que el jefe va a anunciar algunos cambios en política social y alguna bajadita de impuestos. Pero el martes, en la Junta, calladitos, sonrientes ante las cámaras y a aplaudir, que están todos muy unidos, son una piña.

Decía Churchill que el político se convierte en estadista cuando empieza a pensar en las próximas generaciones en vez de en las próximas elecciones. Rajoy y los suyos solo piensan en las próximas convocatorias electorales, y como son muchas, no les da para pensar en otras cosas. Y lanzan a Montoro a decir que a él la empatía se la suda. Ya lo sabíamos. A él y a tantos otros. Y así les va. Presumir de carecer de empatía es un síntoma. Son incapaces de identificarse mental y afectivamente con el estado de ánimo de los ciudadanos, y así les va, y así nos va a todos. Y les trae tan al pairo que presumen de ello.

Va a ser un espectáculo esa Junta. Después de una legislatura mirando con antifaz la realidad de la calle. Tras años de rechazar preguntas, perseguir a los periodistas que no la maman, discursear con los plasmas, escapar a la carrera de los micrófonos y hablar sin decirnos nada, ahora van y convocan una Junta. Ya saben eso de que les ha faltado piel que le decía Floriano a María Dolores, ¿o a Mariano?, en el video insuperable.

Insisten en que les ha fallado la comunicación. Y no creo que sea así. Jardiel Poncela sentenció, como si conociera a fondo a Rajoy y los suyos, que los políticos son como los cines de barrio, que primero te hacen entrar y después te cambian el programa. Pues eso. No ha habido fallos de comunicación. Al PP de Mariano-se-fuerte-mañana-te-llamo le han fallado la política, el compromiso y la verdad. Vale que en la economía muchas cosas han mejorado, aunque por ahora solo lo noten los prebostes del Ibex-35 y algunos amiguetes. Vale que la herencia fue nefasta. Vale que la macroeconomía apunta maneras. Pero el problema de Mariano Rajoy es que no se puede comunicar algo que no existe. Y este Gobierno no tenía nada que decirnos, y ese es el drama.

Tranquilidad y buenos alimentos. Rajoy no va a revolucionar el partido. Rajoy no se va a bajar de su caballo. Rajoy no va a cambiar el Gobierno. Rajoy no va a hacer cambios en la cúpula del partido. El cliente de Arriola se limitará a decir que van a ganar, a anunciar alguna cosilla fiscal y social para dar el pego, quizá a nombrar a alguien en algún puesto intermedio para que parezca que se mueve la cosa. Y si en mayo se la pegan, entonces sí, entonces se pensará que cabezas cortar para salvar la suya. Porque eso sí, pasito a pasito, este hombre es implacable, y no deja a uno en su sitio que le haya plantado algo de cara. A la chita callando se los pule como Gandolfini, mi Soprano favorito. Y parece siempre un accidente.