Sigue perfilándose lo que puede ser el gran acuerdo entre el PP y el PSOE para evitar el podemismo llegue al poder y cercenar cualquier esperanza de regeneración del sistema. El régimen se protege. Culminada la liquidación de Tomás Gómez en el PSOE, Mariano-se-fuerte-te-llamo-mañana ha hecho la misma escabechina traicionera con González en Madrid, y le deja a Esperanza Aguirre el caramelo envenenado de aspirar al Ayuntamiento a cambio de que dé un paso atrás en el control del partido. Ahora, ojo a Andalucía y sus urnas, porque de ahí puede salir el primer paso del gran pacto que permita al PSOE gobernar la Comunidad Autónoma como aperitivo del acuerdo para que el PP gobierne tras las generales, si no queda otra para que el stablishment salve el culo, y todo siga igual, con pequeños retoques para la galería.

 

Como Sánchez y todo el PSOE sabían lo que había en Parla y en el PSM, Rajoy sabía lo que viene sucediendo en Madrid. Durante años se ha acumulado la mierda, la cúpula de los genoveses han mirado para otro lado, han facilitado cobertura al personal y lejos de obligar a Esperanza, González y compañía a abandonar, les han permitido seguir y ahora, de pronto, en la hora undécima le cortan el cuello al chino en una operación obscena. El mismo Rajoy que en presencia, que casualidad, de Bárcenas, fue informado con detalle en un despacho de Génova de los detalles de las operaciones de Arganda y sus vínculos de unión con el ático de Marbella, y los riesgos que el asunto tenía porque era ineludible que saliera a la luz pública. Lo sabían todo. Al detalle. Y no hicieron nada. Bueno, sí que hicieron, callarse y prestarle un apoyo cínico y mentiroso. Es tanta la porquería acumulada, es tanta la cobertura que les han dado, es tan repulsiva la pasividad cómplice de Rajoy y el resto de los obedientes y sumisos mandamases del PP que ver cómo ahora nos venden la limpieza de sus listas resulta ofensivo para nuestra inteligencia.

 

Y todo ello sucede en Madrid, el mayor escaparate de la inmundicia, donde todo el mundo está pinchado, y no porque uno sea pícaro de teléfono y mail, sino porque se sigue y se persigue al personal para traficar, extorsionar, mercadear y acojonar al personal a discreción, y para utilizar la información cuando conviene al más poderoso a su interés y antojo.

 

Porque se entremezclan los escándalos, y el Ministerio de Interior del reino de España, en el que desde los oscuros años del felipismo más negro echamos de menos una limpieza a fondo, es una orgía de gallos de pelea al servicio de intereses partidistas, particulares y políticos. Y el ministro callado, o quizá rezando, pero desaparecido del cumplimiento de sus obligaciones, como el presidente del Gobierno, que también fue ministro de la cosa y conoce esas cloacas al detalle. Y funcionarios de buena trayectoria, profesionales policiales cualificados, dedican su tiempo al espionaje privado. Aquí a todo dios le espían, le escuchan, le fotografían, le copian, le observan, le vigilan, le controlan. Es el espionaje a braga quitada, que diría Umbral. La corrupción crece al ritmo del espionaje. E, incoherencia sublime, cuanto mayor es el control del personal mayor son la corrupción y la complicidad de quienes después mercadean con el botín del espionaje. España está con las vigas al aire, al cielo raso, y aún nos queda mucho por ver. Es lo que tienen las cloacas, que se acumula excesiva porquería y salir de esas arenas movedizas cuesta un montón. Si se sale, claro. Pero Mariano-se-fuerte-te-llamo-mañana ahí sigue. En Guatemala. Ya regresará a Guatepeor.