Andan a polémica diaria en el PP madrileño. La Condesa de Bombay le prepara trampitas a Cristina Cifuentes. Thelma y Louise, que dice Marcello, prometen diversión. El chino González está en un ¡ay! esperando las portadas de mañana. Y el ministro de Interior y Mariano-se-fuerte-mañana-te-llamo están callados como muertos mientras la porquería policial flota en las aguas nauseabundas de la política y el régimen hace aguas con las encuestas encorbatando los cuellos con huevos que pesan como piedras.

Y va Rosa Díez y se casca un articulito en Chez Cebrián en el que señala diez diferencias entre su UPyD en la UVI y los Ciudadanos emergentes de Albert Rivera. Sin pudor. La líder magenta reprocha a Rivera no haber presentado iniciativas contra la corrupción, no hacer nada ante el saqueo de las instituciones, no ser un partido transparente, no luchar contra la injusticia del mercado laboral, patrocinar privilegios para algunas Comunidades Autónomas, no combatir la inmersión educativa en catalán, defender las duplicidades y el sobrecoste de nuestras Administraciones, reclutar tránsfugas, ser un partido regional catalán y no defender el cumplimiento de la ley en Cataluña. Y se queda tan pancha. Con un par. Y sin vergüenza. Y no hay nadie en El País que le aconseje no publicar tal disparate.

Albert Rivera y sus ciudadanos son gente inteligente y no quieren entrar en esa batalla con una perdedora de la vieja política. Y hacen bien. Si uno corre el mundial de moto GP no se sube a competir en Moto 3. Prefieren que UPyD se cueza en su propia salsa y baje cada día en las encuestas mientras ellos crecen en todas las Comunidades y se perfilan como una de las probables sorpresas en positivo para las Generales de fin de año.

Pero convendría que el personal recuerde que Rosa Díez formaba parte del cinturón de hierro de González en los años oscuros, los años de plomo, de la corrupción rampante, el terrorismo de Estado y el saqueo a mansalva. En los años de Roldán, Filesa, Malesa, Time Export, Ibercorp, los GAL, los Fondos Reservados, los acuerdos con el PNV para gobernar en Euskadi y ocultar las corruptelas del nacionalismo. Los años en que como consejera del Gobierno Vasco y mujer bien situada en el alto mando socialista de Ferraz se querellaba contra Mingote por aquella viñeta de ven y cuéntalo mientras ETA seguía sembrando de cadáveres las calles de España. Los años de plomo que terminaron como el rosario de la aurora. Los años en los que su amigo Solchaga recordaba que “España es el país en que te puedes hacer más rico en menos tiempo”. Los años en que se espiaba a braga quitada, a todo dios. Los años en que se perseguía a los periodistas incómodos que no se sometían. Los años del sindicato del crimen.

¿Dónde estaba Rosa Díez en esos años? ¿Por qué no publicaba en El País artculos denunciando la financiación ilegal del PSOE; el saqueo del dinero que debía emplearse en la lucha antiterrorista y que unos pocos se llevaron a sus casas y a sus cuentas suizas; la organización desde el Gobierno de su partido de un grupo terrorista que asesinó a 30 personas y secuestró a un anciano viajante de comercio; las prebendas a los nacionalistas vascos y catalanes que han sido los barros en los que nacieron estos lodos; el corro de la patata en la cárcel de Guadalajara cuando ingresaban en ella Barrionuevo y Vera; el inicio del diseño de un sistema educativo en Euskadi en el que se fomentaba la inmersión en unas ikastolas en las que se inculcaba el odio a España y el elogio a quienes mataban y secuestraban cada poco? ¿Dónde estaba Rosa Díez en esos años oscuros? ¿A qué dedicaba el tiempo libre y las horas de trabajo?

Tiene todo el derecho del mundo Rosa Díez a actuar como le venga en gana. Solo faltaría. A no pactar con Ciudadanos. A liquidar un partido que ilusionó a muchos. A estar en política. Pero los demás tenemos derecho a tener memoria. Y a publicar artículos en medios libres, sin ataduras.