Vaya por delante que las encuestas no han acertado y el bipartidismo, aunque flojea, aguanta el tirón en Andalucía, con 80 escaños sobre 109. Susana Díaz también resiste. Podemos no ha sido para tanto. Y Ciudadanos ha conseguido un gran éxito en la Comunidad Autónoma en la que lo tenía más complicado de antemano, o sea que ojo a Albert Rivera y los suyos. Pero lo más relevante de las elecciones de ayer es el fastuoso batacazo del PP, que tiene un responsable: Mariano Rajoy Brey. Batacazo que no se recordaba desde que el PP volvió a nacer en 1989.

Los cuates de Rajoy, sometidos, acojonados por su dependencia del líder que les lleva al precipicio, han salido en tromba a reconocer que las cosas no han ido bien, pero lo achacan a que no han sabido explicarse. Surrealista y lamentable. Excepto Celia Villalobos, la señora de Arriola, el gurú de la cosa, que ha dicho que quien se ha pegado una galleta de órdago es Susana Díaz porque no tiene mayoría absoluta. Está mejor Villalobos jugando con la tableta que comentando elecciones, sin duda.

Rajoy es el responsable porque fue el quien decidió colocar a Juan Manuel Moreno de cabeza de lista. Es verdad que apoyado por Soraya Sáenz de Santamaría y Javier Arenas, pero en contra del criterio de María Dolores de Cospedal, secretaria general del PP, que no sabemos para que ha sido designada, si quien hace y deshace es él, Rajoy, el amo, el señor, el líder, ese hombre. Y, además, el protagonista de la campaña de Moreno ha sido Rajoy, de mitin en mitin hasta la derrota final. Y es él quien ha presidido el Gobierno de España.

Y a la derrota sin paliativos se une la irrupción de Ciudadanos, que ha pescado sobre todo en el caladero de votos del PP. Si la estrategia de Rajoy, el cliente de Arriola, es que los portavoces de su partido sigan diciendo gilipolleces descalificatorias sobre Rivera y los suyos (que si naranjito, que si citadans, cidatans, ciutatans y demás sandeces), se les puede venir encima el desastre total. Y hay serias dudas de que a estas alturas Rajoy y sus obedientes palmeros sean capaces de articular un discurso político radicalmente diferente, contemporáneo, regenerador. Y si no lo hace, con el País Vasco, Navarra y Cataluña ya perdidos del todo, y con enormes riesgos de no ganar en Madrid y Valencia, el panorama no puede ser más negro. Y ni en Madrid ni en Valencia hay ya margen de maniobra para mucho, y los carteles electorales no son precisamente una muestra de cambio.

Ahora a ver qué hacen. O mejor, qué hace Rajoy para que las próximas elecciones autonómicas y municipales no supongan la liquidación definitiva del PP. Lo tiene difícil el presidente. Y más aún si como me cuenta un dirigente cualificado del PP está feliz por los resultados de ayer, “porque el bipartidismo ha salvado los muebles gracias al resultado del PSOE, y porque lo de Podemos no ha sido un triunfo”. O sea, que está contento Rajoy. Pues nada, a seguir pagándole a Arriola, a seguir cuateando con el gurú. Sí, Arriola, aquel que de puño y letra anotaba que parte de la soldada que recibía del PP era en pesetas blancas y otra parte en pesetas negras. Esto es lo que hay.