Rajoy le dijo a Sánchez en el debate del estado de la Nación que se fuera y no volviera, y la grosería ha cundido. Porque si los subordinados ven el ejemplo del jefe despreciando a la Cámara, sintiéndose el puto amo de la cosa, confundiendo la sede de la soberanía nacional con su casa genovesa cuyas obras pagan en dinero negro, pues la cosa cunde, y ahora es Morenés, el ministro de Defensa, el que la lía. Pero no pasa nada, porque aquí, hasta que el régimen sea el que se vaya, nunca pasa nada.

Morenés, un ministro que merece más escaparate mediático, pero con el que los grandes no se atreven, es un tipo inteligente, taimado, que antes de ser nombrado por Mariano-se-fuerte-te-llamo-mañana merodeaba por el viscoso mundo del business del armamento pesado, que consigue por ahora que la porquería que surge en el Ministerio salga solo con cuentagotas y que en el Congreso se ha permitido el lujo de descalificar gravemente a una diputada que le preguntó por el caso de una militar acosada y acompañar sus palabras del gesto de llevarse el dedo índice de su mano derecha a la boca en reclamación o exigencia de silencio. Vamos, que la mandó callar.

El partido es un descalzaperros, amenaza sangría de votos, la corrupción les acorrala, pero Mariano, Morenés y los que quedan llegan al Congreso y les sale un alma autoritaria, brota la naturalidad del comportamiento, de modo espontáneo muestran la cara real de su día a día. Uno le dice al líder de la oposición que se pire y no vuelva, y el otro le manda callar a su señoría. Y Villalobos jugando con su tableta. Y se quedan tan panchos. Porque así entienden la cosa pública, la política. Como la cosa suya, un asunto privado en el que a ellos, mientras les vaya bien, no les tose ni dios. Mandan. Y no admiten la más leve crítica, ni se someten no ya al control, ni siquiera al debate. No hay poderes, Montesquieu no es que haya muerto, es que para ellos no ha existido, no saben quien es. El Ejecutivo lo puede todo, y les altera que alguien ose colocarles un espejo delante. Porque para ellos la realidad es su realidad. Y el Legislativo y el Judicial están a su servicio, y son un estorbo

Es grave la cosa. Por reiterativa en el corto plazo, y por ilustrativa de un estilo, de un modo de entender el ejercicio del poder. Han disfrutado de la mayoría absoluta más desaprovechada que hemos conocido y ahora que la casa amenaza ruina, están solo a ver como salvan los muebles, y les incomoda la democracia, tienen miedo a la realidad y a la verdad, no les llega la camisa al cuerpo, y les aburre rendir cuentas, porque entienden que se dedican a algo que les pertenece. O sea, que no entienden nada, que no se dan cuenta de cómo está el patio, del nivel de hartazgo del personal. Y las encuestas siguen y siguen, y cada cual les sale peor. Y ellos con los huevos de corbata, pero erre que erre. Sostenella y no enmendalla. No aprenden.