“Si el presidente de la Comunidad de Madrid tiene pruebas de que algún policía le ha intentado extorsionar y chantajear no debe dar una rueda de prensa, está obligado a denunciarlo con nombres y apellidos. Es inadmisible que diga eso un hombre que aspira a presentarse a unas elecciones sin haberlo denunciado con pelos y señales”. Así me lo decía anoche un alto cargo del Ministerio de Interior. Horas antes, a media tarde, un cualificado dirigente del PP con despacho en Génova me decía: “Ignacio ha dado un paso en falso que le va a costar caro, porque al presidente no le gustan los líos. Hay fuego amigo en esta casa y al “Chino” le está alcanzando de lleno”.

El patio está que arde. Mariano-se-fuerte-te-llamo-mañana no dice ni mú sobre los cabezas de cartel de Madrid y la batalla es a muerte. Ignacio González respondió ayer a una información sobre el asunto de su ático de Marbella, comprometedora para él, con una rueda de prensa en la que no dejó títere con cabeza y que en el Ministerio de Interior dolió de verdad. El mismo dirigente “genovés” me decía que al presidente Rajoy “le han molestado las palabras de González. Está midiendo mal sus pasos. Hizo bien en convocar a los medios para desmentir, pero se pasó de frenada atacando a la Policía y ha cabreado al ministro de Interior, uno de los mejores amigos del presidente. Ignacio lo sabe, y eso significa que está nervioso. Con el sumario y con el silencio de Rajoy respecto a si podrá ser el candidato. Lo mejor que podía hacer es dar un paso atrás él mismo. Quiere morir matando, y eso es malo para todos”.

El presidente de la Comunidad de Madrid ha reabierto, además, un conflicto interno en el seno de la Policía que ya veremos como termina. Seis comisarios de Policía libran una batalla en la que se mezclan amistades y enemistades políticas, rencillas personales que vienen de lejos, ambiciones profesionales incompatibles y vínculos personales de alto riesgo en un mando policial.

Y la guinda del asunto es que en el ajo está metida la Brigada de Asuntos Internos, y el caso se trufa con el del pequeño Nicolás, en los protagonistas de uno y otro y en los lazos políticos de implicados en uno y otro escándalo. Y está también el pago a algunos jueces a través de Indra.

Y el asunto no ha terminado. La investigación sobre el ático marbellí de Ignacio González sigue su curso. Llevaba meses parada, pero se va a reactivar. Y no es descartable que en plena campaña electoral pueda haber novedades. Y ello complica sus aspiraciones para repetir en la Comunidad de Madrid. Ayer en la sede popular de Génova consideraban que “las posibilidades de Ignacio no eran excesivas, pero después de lo de hoy se han reducido notablemente. Ojo al Comité del jueves, que puede certificar la defunción de González.”.

De hecho, oficial y formalmente el PP no ha salido en su defensa, sino todo lo contrario. Carlos Floriano, ayer, en rueda de prensa, defendió al imputado Imbroda y evitó respaldar al presidente madrileño. Y poco después Jorge Fernández no quiso manifestarse sobre el asunto “porque está judicializado”. Es decir, que tanto el PP como el Gobierno se han puesto de lado, y eso en el PP es tanto como decir que les ha cabreado, y lo va a pagar.

En Interior las consecuencias de sus palabras pueden ser negativas también para él, pues buena parte de los mandos policiales consideran que González “tiene todo el derecho a defenderse, pero hacerlo echando mierda sobre la Policía es suicida por su parte”. Se refieren a que las investigaciones pueden arrojar sorpresas desagradables.

Así están las cosas en el PP madrileño, que huele a podrido, y que necesita una regeneración más si cabe que el PP nacional. Pero quienes lo controlan van a defenderse. Vienen emociones fuertes. Ni unos ni otros se van a parar en barras. Va a correr la sangre política. Y en asuntos que tienen derivadas penales. Todo un espectáculo. Lamentable. Y Podemos y Ciudadanos de espectadores y dispuestos a recoger todos los votos que se van a ir, que van a ser muchos.