Está mala la cosa en la política patria. El debate sobre el estado de la Nación fue clarificador. Rajoy como un administrador ensimismado con las cifras de su Excel, en las nubes de la realidad, pretendiendo expulsar de la cámara a Sánchez como quien echa a alguien de su casa. Villalobos y sus juegos de tableta. Sánchez y sus réplicas leídas, con la sombra de Susana pululando. Y el adobo de quienes no puntúan y hablan ya con los escaños en desbandada. Y Podemos y Ciudadanos como una realidad que no existe en el Congreso, pero sobrevuela. Y a esperar al siguiente debate, que tendrá sin duda otros protagonistas.

Pero el periodismo no anda mejor. Este oficio maravilloso y canalla anda peor. Porque, salvo honrosas excepciones, está tan pillado por la pasta por el Ibex 35 y tan entregado a los poderes por sus pocas luces y su cobardía, que malvive en la transición tecnológica con el papel moribundo y el internet como esperanza.

A los males de fondo, la cobardía, el entreguismo interesado, el columnismo al servicio y la información al dictado hay que unir la miseria incomprensible y el mirarse al ombligo de los grandes del papel que zozobran por las redes.

Acabamos de vivir un ataque a la libertad de expresión que, salvo en una columna de ABC, no ha merecido el interés de quienes se creen los amos del cotarro mediático. Jaime Alekos, fotoperiodista, reportero de raza, colaborador del digital Periodismo Humano y colaborador habitual con sus videos de todas las cadenas de televisión nacionales fue detenido el viernes en el desahucio y derribo de la calle Ofelia Nieto. Ha permanecido un día y medio privado de libertad y salió de los Juzgados de Plaza de Castilla ayer por la tarde.

Jaime Alekos dedica su actividad profesional fundamentalmente a hacer visibles a quienes no lo son en su sufrimiento, a denunciar la insensibilidad de la Administración y los poderes públicos ante el drama que desangra a tantos que se quedan en la calle y a informar sobre una realidad que muchos no quieren ver. Es un hombre libre. Tiene alma y ojos de artista. Su archivo gráfico es el de un reportero de fuste con arte en las venas. Y quienes conocemos la oscuridad por dentro detectamos en él la raza del reportero insobornable. De los que hay pocos.

Si Jaime Alekos trabajara para uno de los grandes decadentes del papel su detención habría supuesto un escándalo. Su privación de libertad no se hubiera prolongado día y medio. Habrían salido los directores del crepúsculo en manifa solidaria y hubieran ardido los teléfonos rojos del régimen agonizante. Pero no. Solo los medios con futuro, que pisan la realidad, los periodistas que no maman ni la maman y los colegas de Alekos han denunciado una actuación policial infamante para el Estado.

Y ojo. No ha sido la Policía Nacional la responsable del atropello. Ha sido la matonesca Policía Municipal del Ayuntamiento de Madrid la responsable de una actuación policial mal planteada, de inexpertos encocorados y mal dirigidos. No se si Ana Botella se habrá enterado o estaría de spas. Pero dependen de ella quienes han violentado un principio esencial en una democracia y un Estado de Derecho, que es el respeto al ejercicio libre del periodismo, garantizado por el artículo 20 de la Constitución.

En la calle Ofelia Nieto hubo excesos de los manifestantes. Sí. En la calle Ofelia Nieto se consumó otro desahucio que no debiera haber ocurrido. También. Pero en la calle Ofelia Nieto, además, La Policía Municipal atentó contra todos los ciudadanos al detener arbitrariamente a Jaime Alekos, al que esposaron y obligaron a tumbarse en el suelo sin dejarle siquiera mostrar su identidad de periodista. No es una defensa corporativista de un colega. Los periodistas, cuando estamos trabajando, antes que ejercer nuestro derecho a la libertad de expresión somos depositarios, intermediarios con el derecho constitucional de todos a recibir información. La Policía de Ana Botella impidió que todos pudiéramos ver lo que sucedía. Un atropello inadmisible. Una vergüenza. Un aperitivo de lo que nos espera si se consuman algunos proyectos legislativos en marcha. Y los grandes del papel y los popes del periodismo decadente enterados, pero en silencio, no vayan a incomodar a Mariano, se fuerte, te llamo mañana. Así les va. Y así nos va a todos. Jaime Alekos como síntoma del estado del periodismo. Lamentable. Nosotros seguimos aquí, en nuestra República de las ideas. Ejerciendo el periodismo libre. Fuertes. Cada día más.