Sí. La nave socialista va. No sabemos hacia donde. Puede que a la desaparición o a quedar como partido testimonial. O a la victoria final. Pero la nave, que en realidad son muchas naves, va o van, entre tempestades. Fellini reflejó en su premiada película el surrealista viaje en barco para dejar reposar en el mar las cenizas de Edmea Tetua, o sea, María Callas. Un formidable retrato psicológico sobre las rivalidades, las batallas, las peleas, los conflictos y las envidias entre las mejores voces, en el mundo de la música. Tenores, sopranos, mezzosopranos, barítonos, directores y críticos. Durante la travesía, en la sala de máquinas, se exhiben las estrellas en torneo subterráneo y mágico. Como se han mostrado en Ferraz los estrellados en la batalla que ha tenido sus directores, sus guionistas y sus actores.

En el PSOE el conflicto interno supera el que retrató Fellini, director y guionista junto a Roberto de Leonardis, Tonino Guerra y Catherine Breillat. La semana socialista ha sido muy felliniana. Los protagonistas del duelo han sido Pedro Sánchez y Tomás Gómez, ambos ya con la voz quebrada. Aparentemente el director de esta tragedia cómica ha sido Sánchez, pero el guión lo ha firmado junto a Rubalcaba y Cebrián. O sea, que no ha sido una película rodada en alta definición, moderna, contemporánea. Les ha salido en sepia. Rancia. Una producción menor de la que dicen estar muy satisfechos, pero que puede ser la tumba para Sánchez. Rubalcaba está de retirada y a Juan Luis se la trae floja, porque su batalla es otra, para el la cosa es pura coyuntura. Es lo que tiene haber sido el jefe de los informativos de la televisión franquista. Que uno está aprendido en la propaganda, aunque algunos se empeñen en llamarle a eso periodismo. Y se fabrica una encuesta ad hoc como el dictador ganaba los referéndums, esta vez porque sí. Y a la portada, que el país lo aguanta todo.

Han pasado ya tres años del desastre zapateril y la nave socialista va. De desastre en desastre. Pero va. Las batallas internas, rivalidades, peleas, conflictos y envidias no cesan, se expanden por cada territorio, mientras el partido fundado por Pablo Iglesias, el verdadero, se muestra incapaz de articular un nuevo proyecto que conecte con la sociedad y que posibilite que el PSOE pueda seguir siendo un partido de Gobierno. Ahora pelea, y lo tiene crudo, por una segunda posición que va a tener difícil conseguir, con Podemos y Pablo Iglesias, el fake, como alternativa real a ocupar la hegemonía de la izquierda.

Pedro Sánchez, con modos escasamente democráticos (¡ay la democracia interna!) por más que encuentren resquicios estatutarios para salvar la cara formalmente, ha liquidado a Tomás Gómez. Llevaba tiempo detrás de hacerlo, y no ha elegido buen momento. Pero la operación es compleja y de más calado. Es un aviso a Susana Díaz, un paso más en la pelea por el liderazgo de un partido en descomposición. Es un puñetazo en la mesa, un aquí mando yo. Pero ha ido a acreditar su jefatura atizándole al más débil de sus adversarios internos, por más que al tratarse de Madrid el asunto ocupe escaparate mediático. Y además ya se sabe que un jefe que tiene que gritarle a sus subordinados que el jefe es él tiene un severo problema de autoridad.

Y ahora a ver como colocan a dedo  a Angel Gabilondo de cabeza de cartel. Otra operación de riesgo, por más que Rubalcaba y Cebrián se monten encuestas favorables en un minuto. Porque si el ex ministro de Educación con ZP salva los muebles, la tormenta pasará, aunque el PSOE seguirá teniendo un problema con el históricamente ingobernable PSM. Pero si Gabilondo queda por detrás del PP y Podemos, si queda por debajo de los resultados del defenestrado Tomás Gómez, entonces el vencido sería Pedro Sánchez, que quedaría a los pies de los caballos, demolido, arruinado, prisionero de sí mismo, y tendría que hacer mutis por el foro mientras el catedrático vuelve a la Universidad.

Ya es sintomático que Sánchez haya buscado el asesoramiento de Rubalcaba con Juan Luis de mamporrero mediático. Si esos son sus apoyos, si esa es su única fuerza, Sánchez lo tiene claramente oscuro. Lo cual esclarece el futuro de Susana Díaz, que sabe que con Andalucía, Valencia y Madrid se lleva por delante un Congreso del PSOE, y en ello está. Y de aquí a julio, fecha en la que se deben celebrar las primarias para elegir al candidato del PSOE a las generales, van a pasar muchas cosas. Sánchez cree que con este golpe de mano en Madrid ha cercenado las aspiraciones de Susana Díaz. Pero ojo con la reina del sur. Que trajina ya para, en función de lo que pase en las autonómicas y municipales, tras las andaluzas, recuperar la capital. Y mueve sus piezas.

Lo que evidencia esta batalla fulanista es que la nave socialista va, no sabemos donde, pero va. Y lo hace sin proyecto, sin regeneración, sin ideas nuevas, perdidos ideológicamente. Y ese camino dibuja una tragicomedia felliniana. Todos los protagonistas de esta película que vive el PSOE debieran ver el final de la peli de Fellini. Con la nave hundiéndose mientras los pasajeros se lanzan a los botes salvavidas mientras suena “La fuerza del destino” de Verdi. La diferencia es que Fellini hizo una película y lo del PSOE es real como la vida misma.