No hay más vara de medir la posición y el calibre político de Podemos que la actividad política de sus líderes hasta que ocuparon escaños en las Europeas y sus actos desde que dejaron de ser meritorios y se convirtieron en actores de nuestra política sentando sus reales con buen sueldo en Bruselas y Estrasburgo. Y las cosas son como son, y como parecen.

Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero, Luis Alegre, Iñigo Errejón, Carolina Bescansa et al tienen en su mochila lo que ellos cargaron en ella. La protección y el patrocinio económico del chavismo y sus funestos herederos. Y hablamos de dinero, mucho dinero. Porque no ha sido gratis la implosión del fenómeno Podemos en España. Responde a una estrategia bien diseñada en el laboratorio que, para ponerla en práctica, ha dispuesto de bolívares, dólares y euros generados por la actividad de los líderes como asesores cualificados del régimen que ha llevado a Venezuela a la ruina económica y al colapso político, con permanentes violaciones de los derechos humanos. Eso sí, todo ello en un país en el que los ciudadanos acuden a las urnas, porque esto chicos han aprendido en el laboratorio que los muñecos dictatoriales hay que vestirlos de “democracia”.

Recién llegado de mi quinto viaje a Venezuela, el primero con Maduro al frente, lo primero que he hecho es atiborrarme de leche. Ni uno solo de los ocho días que he estado allí la he podido probar en el hotel, magnífico, en el que me alojaba. La escasez de alimentos no es una milonga, es una realidad.

En la República Bolivariana te hablan de los chicos de Podemos con naturalidad. En ámbitos políticos y académicos todo el mundo sabe que su presencia como asesores de Chávez y los suyos era permanente, relevante y que estaba muy bien remunerada. No eran solo los dineros de Monedero. O los del Centro de Estudios Políticos y Sociales. O los de Iglesias. O los de Alegre. Queda mucho por saber. Era su papel de asesores cualificados y de elegidos por el líder carismático para trasladar a Europa, en su sueño expansionista, el mensaje elaborado en ese laboratorio siniestro de ideas que allí llevaron a la práctica, para terminar donde han terminado. Y qué lugar mejor que España para ello.

La cobertura para la financiación era que iban a enseñar, aunque en realidad acudieron a inspirarse en el modelo para replicarlo después en España, salvando todas las distancias geográficas, políticas, sociales y económicas. Y ahora, los bien instruidos asesores del chavismo aplican lo aprendido y reniegan del padre, del modelo.

Pero como siempre, hay que seguir la pista del dinero. Porque la aventura no ha salido gratis. Y cuando empiezan a aparecer hilos de los que se tira, la reacción de los chicos es la típica de la casta, porque son lo mismo, pero peor, porque se disfrazan. Se lo dije en directo a Alegre en Las Mañanas de Cuatro: “Igualito igualito que el PP y el PSOE. Le pregunto por los dineros de Monedero y usted responde otra cosa”. Y Monedero, que reaparece fugaz con la Grisso en Antena 3 para limitarse a replicar que están siendo víctimas de una campaña porque están señalados, sin dar respuesta ni aportar documentos.

Pero atentos. Podemos, que significa Por la Democracia Social, es una marca como partido que nació al abrigo de Chávez. Ismael García, uno de sus fundadores, político y sindicalista, ex alcalde del municipio José Félix Ribas (Aragua), me cuenta como Maduro le ha expropiado el partido, como lo leen, mientras descuelga el último cuadro de la que fue su sede. Todo un paradigma del concepto de democracia que tiene estos muchachos. Te expropian hasta los partidos. Eso sí, votando cada mucho tiempo, que hay que guardar las apariencias. García, asqueado de lo que vive en su país, me dice: “Átense los machos con esos chicos de Podemos. Nos han copiado el nombre. Han cobrado un buen dinero aquí aunque traten de que no se sepa. Pero a lo que conduce su política lo está viendo usted con sus propios ojos aquí. El máximo es expropiar un partido político. Eso es lo que nos han hecho a nosotros”. Ojo al Cristo, que es de palo. Y lo que queda por saber. Que lo sabremos. Porque podemos, y queremos saberlo, pese a Monedero, Iglesias, Alegre y compañía.