No conozco personalmente a Francisco Nicolás Gómez Iglesias, conocido como “El pequeño Nicolás”. Creo que su irrupción en el escaparate político y mediático evidencia hasta que punto este régimen que agoniza se construyó sobre cimientos de una política y unas vidas que tras una apariencia de excelencia, seriedad, rigor y sentido común albergaba frivolidad, desahogo moral, mangancia y nulo espíritu de servicio público.

Este joven es un problema hoy para el Gobierno, y quizá más serio de lo que parece, pero la cuestión no es el chaval, sino sus avalistas. Lo grave es que pudiera llegar hasta donde llegó, acceder hasta donde accedió, conseguir lo que consiguió. Y conviene recordar que este es un escándalo más (¿y van…..?) que el Gobierno de Rajoy gestiona regular o mal, pero que nació y creció al amparo de la cuadrilla de insolventes morales que se expandieron al abrigo de José María Aznar, que, como FAES, se mantiene callado, silente, a lo suyo, que es el negocio, como lo fue para tantos a los que colocó en puestos clave de la cosa pública y que nos han dejado el país como un erial.

Por lo que escucho, leo y conozco, creo que “El pequeño Nicolás” está manejando con cierta habilidad y astucia información sensible. Intuyo que sabe menos de lo que aparenta, que el personaje tiene puntos débiles. Pero hay munición, y alguna de calibre grueso. Y no está solo.

Ya no hay duda de que el joven dicharachero conseguía abrir algunas puertas de altos cargos de la Administración, y tratamientos favorables, amigables y amistosos en los negocios con la cosa pública que otros sin esa influencia no lograban. Y la cosa es grave.

De entrada ha situado al Gobierno ante una disyuntiva que le va a dejaren mal lugar, haga lo que haga. O mantiene a Jaime García Legaz,  Secretario de Estado de Comercio al lado del ministro Luis de Guindos, pese al cúmulo de indicios de que actuó de modo manifiestamente incorrecto en el desempeño de sus funciones, o lo fulmina, dando así por bueno que las cosas son como parecen. Difícil dilema aún no resuelto.

Me cuentan personas que conocen el caso a fondo que el asunto no ha hecho más que comenzar. Lo más relevante está por salir. El saldo por ahora es estruendoso: el Gobierno, el CNI, el PP y otras instituciones en guerra de desmentidos con un imberbe; tráfico de mensajes comprometedores; una actuación policial más que discutible y con zonas oscuras sobre las que se hará la luz; cruz de amenazas; reuniones que fueron, y otras que no, en despachos influyentes; contratos públicos y privados en entredicho; un matrimonio ya a la deriva; carrera en pelo por dar con supuestos videos comprometedores; un chalet de El Viso cuya sola mención estremece a más de uno; documentos que van y vienen, algunos de fiabilidad dudosa, pero otros fetén; teléfonos pinchados; conversaciones cifradas; y nervios y miedo, mucho miedo y muchos nervios. O sea que ojo, y atentos a la pantalla. Que hay caso.  “El caso Nicolás”. Veremos donde termina.