El pequeño Nicolás, escondido del mundanal ruido, espera su momento. Han corrido ríos de tinta sobre el personaje. Pero quizá en la dirección equivocada. Atentos todos a la pantalla, porque cuando empiece la película de verdad quizá más de uno se lleve un buen susto.

No estamos ante el caso de un niñato de 20 años, avispado, fruto de la sociedad enferma del pelotazo rápido y fácil, del triunfo de los golfos a los que muchos llaman listos. No se trata del caso de un chaval comunicativo y con don de gentes que inocentemente se convierte en un artista del cuele en los saraos para hacerse la foto con el famoso de turno. Anoche en Tele 5 su abogado dejó caer, en pregunta y re pregunta, un mensaje: “Mi cliente conoce bien y tiene trato con la mayoría de las personas con las que ha aparecido fotografiado. No son selfies de ocasión. Les conoce y tiene relación con ellos”.. Lo dijo tras proyectarse imágenes en las que Nicolás aparece junto a Mariano Rajoy, Rodrigo Rato, José María Aznar, Esperanza Aguirre, María Dolores de Cospedal, Alberto Ruiz-Gallardón, el Rey Felipe VI, Jaime García Legaz, Cándido Méndez, Ana Botella, Arturo Fernández y demás personal del stablishment que anda que no le llega la camisa al cuerpo con la que se puede liar.

La causa está bajo secreto de sumario en el Juzgado de Instrucción 2 de Madrid. Cuando se levante el velo judicial pueden saltar chispas. Cuando se conozcan los detalles del trato policial pueden producirse ceses. Y ojo, que no hay solo una causa en marcha. En el Juzgado 39 hay más, a no ser que se haya refundido todo en el 2. En ese Juzgado se tramita una querella aparentemente inocente. Un militante del PP la presenta por injurias y calumnias, en relación con un caso de corrupción conocido como “El timo del arbolito”. El asunto está en tramitación. El 5 de diciembre de 2013 el pequeño Nicolás declaró ante el juez y entre otras cosas dijo literalmente, según consta en la transcripción de la declaración que obra en mi poder: “No soy afiliado al PP. Tengo relación con gente de allí. El querellante está enfadado conmigo por las listas de las candidaturas”.

Los cuarteles generales de Génova, varios ministerios y la sede de los servicios de información preparan artillería para la que se puede avecinar y tratan por todos los medios de evitar que salga a la luz todo lo que hay. Arden los teléfonos. Las paredes del chalet de la calle Carbonero y Sol que Nicolás aportaba a veces hasta para citaciones judiciales son testigos de citas, reuniones y conversaciones que pueden levantar ampollas. Por allí ha pasado mucha gente. Allí han pasado muchas cosas. Y muy cerca del Estado Mayor del Ejército. Y muy cerca de una de las antenas de información más importantes de España.

El pequeño Nicolás, en realidad Francisco Nicolás Gómez Iglesias, al que sus amigos llaman Fran, no pisa la calle más que en ocasiones contadas y disfrazado para evitar que le reconozcan. Responde a muy pocas llamadas y a muy pocos mensajes de Whatsapp. Pero no deja de trabajar en su defensa. Recopila información, documentos y testimonios. Y los que pueden salir a la palestra mueven todos los hilos para evitarlo.

 

Esta es una historia de torpezas, sí, pero también aportará luz sobre el universo sórdido de las intrigas y las batallas que se libran en el poder, en las que se coló Francisco Nicolás porque no se trataba solo de un niño simpático y vivaracho. A donde llegó el pequeño Nicolás sólo se llega si alguien te franquea el acceso.  Como le hicieron a el. El caso tiene todos los elementos de los thriller. Y no de serie B. Estamos ante un asunto de fuste. La clave está en si al final sabremos la verdad o quienes mueven los hilos lograrán su propósito de que la Justicia termine dando un pase de pecho para que el asunto quede en menor cuantía. Vaya, vaya con el pequeño Nicolás.