En Podemos no caben en sí de gozo. Semanalmente, crece su granero de votos cabreados. Con quedarse quietos, y ver el espectáculo de la inmundicia que revienta, van a tener un éxito en las próximas generales que va a dejar al PSOE y al PP tiritando.

Lo último ha sido el escandalazo de las tarjetas negras de Cajamadrid. Montoro se ha puesto estupendo y dice ahora que va a investigar a las empresas del Ibex 35. Siempre tarde, como con Urdangarín, Pujol y compañía. Ha tenido tan ocupados a los funcionarios reventando a quienes cumplen honradamente con el fisco, y montando numeritos para ocupar portadas, que se le han escapado sus amigos los de la banda organizada que al amparo de su inactividad se han llevado a casa el dinero público, y ahora a ver cómo lo devuelven.

Ya han deslizado que va a ser difícil probar delito fiscal en los golfos de las visas. Vale. Pero hay otros tipos penales: organización para delinquir, estafa, administración desleal, apropiación indebida…

El PP, PSOE, patronal y los sindicatos, el gang, nos deben a todos una explicación a fondo (quedan por saber las cantidades al detalle y los conceptos en los que se gastaron nuestro dinero) y el abandono de la vida pública de quienes se apropiaron de lo ajeno y de quienes fallaron en el control tras haberles colocado. Están tardando. Mucho.

El crack que nos llevó al rescate financiero fue una orgía de desahogada apropiación de dinero ajeno por un grupo de amigos sin escrúpulos. La porquería ha salpicado a toda la cúpula del régimen: desde la Monarquía a los sindicatos, pasando por los partidos de la derecha y la izquierda, y sus fundaciones, y sus chiringuitos varios. La cosa está anegada de porquería. Y los ciudadanos pagando y sufriendo.

Y el silencio más llamativo, entre tanto estruendo de silencio cómplice, es el de José María Aznar, ese hombre, que va de universidad en universidad dando lecciones de cómo debemos salir de la crisis.  Que es tan locuaz para tratar de reventar a quien el designó heredero y para explicarle a los demás lo que han de hacer. Porque todos los peperos que aparecen en el ajo negro de las tarjetas fueron colocados por su amistad con Aznar. O con Ana Botella, como Carmen Cafranga. Todos. Y el está callado. Como lo ha estado con el escándalo Gürtel, gestado en su apogeo. Y ahí sigue, en FAES, que obtuvo la mayoría de los créditos de Cajamadrid, para que el señorito tuviera entretenimiento junto a los suyos con pátina intelectual.

La inmundicia nacional acerca al personal al límite de la paciencia. Y lo que queda. Solo leyendo todos los correos electrónicos de Blesa se da uno cuenta del alcance del latrocinio. Yo los he leído. Elpidio al margen, no se a qué esperan en  la Audiencia Nacional (jueces y fiscales) para actuar a toda velocidad. Bueno, sí lo se. Lo sabemos todos. De ahí la indignación. Insuperable.