Este fin de semana ha habido almuerzos y cenas a mansalva de los que un día fueron gente guapa y hoy son la vergüenza nacional. En muchas fincas se han encerrado prebostes del trinque y la mangancia. Se están destruyendo pruebas. Se planifican defensas. Se diseñan estrategias para eludir responsabilidades. Algunos dicen que van a poder probar que Hacienda lo sabía y lo autorizó (no lo creo, pero si fuera así Montoro Y Rajoy se tendrían que ir de España). Se culpa al del bigote de haberse esfumado en sus viajes alrededor del universo dando doctrina. Hay acojono. Saben que el asunto no hay quien lo pare. Les consta que queda mucho por saber. Y tienen miedo a terminar a la sombra. Aunque los abogados de postín les dicen que estén tranquilos, que es tanta y tan grave la merde, y afecta a tantos en las máximas alturas, que al final el régimen encontrará una salida. Aunque ya les han hecho saber que algunas cabezas tienen que rodar. Pero el Ibex 35 y sus aledaños están que nos les llegan las elegantes camisas a sus cuellos blancos enfangados de marrón.

Lo de las tarjetas negras de Caja Madrid es el acabose. El icono del desastre que ha sido. La definición perfecta, iconográfica, de la severa crisis institucional que ha puesto al régimen contra las cuerdas. Una caja en la que mandan políticos y amigos de los políticos, empresarios y sindicalistas emite tarjetas corporativas en secreto cuyos gastos se ocultan a Hacienda. Entre 15 y 20 millones de euros que se evaporan Y cuando se sepan las cantidades al detalle y en qué se lo gastaron va a ser de traca. Y de todo esto nos enteramos porque los actuales ejecutivos de Bankia, con Goirigolzarri a la cabeza, informan de ello al FROB y porque UPy D puso una querella. Si no se habrían ido de rositas.

Y quedan por conocerse todos los correos electrónicos de Blesa, que son la bomba, y terminaran saliendo. Por eso se cargaron al juez Elpidio Silva, al margen de que cometiera errores. Y quedan por depurarse las responsabilidades políticas y morales no ya de los responsables directos, sino de quienes les colocaron allí donde podan incurrir en estos comportamientosresponsables directos, sino de quienes les colocaron all cometiera errores. Y quedan poir deían incurrir en estos comportamientos. Porque estos siguen todos en sus puestos como si no fuera con ellos la cosa. Y sí que va. Porque ellos, junto a la CNMV, el Banco de España y el resto de las instituciones públicas, tenían la obligación de controlar la cosa. Y no lo hicieron.

El daño moral, ético y económico ya está hecho. Ahora es ineludible que paguen todos los culpables en el ámbito jurídico y en el político. Lo judicial va lento. Lo político debe ir rápido. Y concierne a PPPSOE, IU, CCOO, UGT y patronal, por ahora. No basta con pedir perdón, como ha hecho Pedro Sánchez. Hay que llegar al fondo del estercolero. Si no las consecuencias pueden ser peores de lo que imaginamos.