Rajoy, el cliente de Arriola, cuando se cansa de alguno, le pone la proa, o le acojona, lo primero que hace es dejar de pronunciar su nombre ante la prensa.  Sucedió de algún modo con Aznar, se evidenció con Bárcenas tras destaparse los SMS que a cualquier otro presidente le hubieran obligado a dimitir y esta semana se ha repetido la escena con Rodrigo Rato, uno de los black, “esa persona por la que usted se ha interesado”.

Hay mucho mar de fondo en el PP con las malditas tarjetas de la vergüenza. Y conviene saber que el asunto ha estallado porque así lo ha decidido el presidente. Elpidio Silva asomó la patita, y el FROB aportó lo que faltaba a la causa. Pero lo hizo tras consultar a Presidencia del Gobierno. Allí, recibida la información al detalle hubo debate. Jorge Moragas, el jefe de Gabinete, dijo que a por todas. Lo vio incluso como una oportunidad de acreditar que “el PP denuncia a los corruptos sean quienes sean”.  Que no es verdad, pero a algunos puede parecérselo.

Pero opinaron otros. El entorno de la vicepresidenta, Soraya y los suyos, no lo veían claro, Les preocupa que Rato, Blesa y algunos otros de los black manejan “información sensible” del PP. Este eufemismo de mi fuente, traducido al cristiano, significa que tienen datos comprometedores sobre muchos respecto a asuntos sucios del PP y el Gobierno.

El núcleo duro de Génova estaba con Soraya. Mejor que el juez maneje lo que ya hay y no echarle más leña al fuego. No está el horno de la corrupción para muchos bollos y solo falta que salgan asuntos complicados en Gürtel o papeles que demuestren más de lo demostrado que el PP se financió irregularmente, manejó dinero negro y vivió en la merdé durante años, con Aznar “el mudo” al frente y con Rajoy en el cuadro de mandos.

Y se impuso el criterio del presidente. Y el FROB entregó los papeles al juez. Y se filtraron. Y se lió parda. Y Rajoy presume de que es el Gobierno quien  le ha ordenado al fiscal general de la cosa que tire para adelante. ¿Pero no habíamos quedado, presidente, en que el fiscal es independiente y hace lo que considera?  Cuando conviene, lo uno, y cuando no, lo otro.

Y ahora los teléfonos arden. No hay llamadas directas. Rato solo habla con Vera, Pujalte y pocos más. Llaman terceras personas, abogados o amigos comunes. Y hay advertencias. O se afloja y se buscan salidas para que la cosa termine en nada o va a haber guateque para todos. Y surgen las dudas. Y se buscan subterfugios legales. Y se manejan tiempos. El reproche social y moral es ya ineludible. Pero los implicados lo que no quieren es acabar en el talego. Y en ello están. Y como siempre en estos casos, es probable que lo consigan. Ya se sabe que la Justicia no es ciega. Y los que la manejan, menos aún. Pero cuando se pone en marcha a veces da sorpresas. Hay que estar muy atentos a las bambalinas. Muchos se juegan mucho. Y en este caso la verdad no les hará libres. La verdad les condena. Por eso lo gordo no ha salido. Y a lo mejor no sale nunca. Lo veremos. La partida es muy seria.