Mas, y la compaña, siguen en su desatino identitario. Cameron salva el partido a punto de sonar la camapana. Salmond se va, y Sarkozy vuelve. El régimen en España sigue tomándonos el pelo en la lucha contra la corrupción. Pujol y el resto de la banda prosiguen con la defensa pactada. Uno que lo sabe todo sobre la merde y las componendas habla cada día con periodistas y se plantea una entrevista pública para asomar la patita y desencuadernar a más de uno. Y se sigue hablando de Pedro Sánchez y su llamada a Jorge Javier en Sálvame, y su presencia en el hormiguero de Pablo Motos..

Cuanto cinismo y que incapacidad de tantos para entender en que mundo vivimos, siendo así contemporáneos. A mí lo de Pedro Sánchez me pareció bien. Y me ha vuelto a asombrar la capacidad de los medios tradicionales para mirarse al ombligo en la soberbia. La envidia de quienes no se atreven a dar la cara más que en presencia de su guionista. La altivez de quienes se sienten superiores en su mediocridad pasada de moda. La vanidad fatua de quienes dan lecciones de periodismo y decencia mientras albergan en sus páginas ya amarillentas y en sus webs de urgencia los mismos contenidos, la misma mierda, según ellos, aunque creen que la suya huele a Chanel 5.

Pedro Sánchez, asesorado por Verónica Fumanal, a quien no conozco, pero que tiene acreditados sus conocimientos, su experiencia y sus aciertos, está actuando con los medios con sentido democrático, con inteligencia y con ambición. Sí conozco a Sánchez, y doy por supuesto que, además, prepara un discurso para afrontar las próximas elecciones y tratar de ganarlas. Las reacciones en el PP acreditan que son ellos los que no se enteran, o los que no se quieren enterar. Llamar a Jorge Javier me pareció un acierto, aunque discrepo del contenido de lo que le dijo Sánchez. En El Hormiguero estuvo genial. Quizá Verónica le enseñó a Sánchez el video de Obama en campaña entrando en el plató de la majestuosa Ellen De Generes bailando con elegancia y golpeando con suavidad un punching ball al ritmo de la música.

Muchos políticos que no salen de lo suyo y otros tantos periodistas que no pisan la calle y frecuentan los despachos del poder creyendo que ahí se ganan el futuro no lo entienden. Si Sánchez acudiera a sus medios, a sus programas, donde ellos practican el sectarismo, la censura y el sometimiento bajo esa pátina repulsiva de respetabilidad le jalearían. Allá ellos. Sánchez y su gente quieren ser contemporáneos, desean conectar con el personal que huyó hace tiempo de la clase política, para recuperarla. Y hacen bien. Porque entre los espectadores de Sálvame y El Hormiguero hay ciudadanos que tienen el mismo derecho a escuchar y ver a Sánchez que los lectores o espectadores de quienes desde el stablishment siguen anclados en la comunicación del Siglo XX, que ya es historia. Por cierto, que en el despacho de alguno de los que han puesto a parir a Sánchez yo he visto la tele conectada con el programa de Jorge Javier y cuando quieren vender los sábados le sacan en portada a él o a la Esteban.. Ay, señor, señor.