El escándalo Pujol está en el horno. Y queda mucha cocina. Arden los despachos donde se cuecen estás inmundicias. En Cataluña. Y en Madrid. Hay atasco de  tráfico de influencias. Porque la estructura delictiva puesta en marcha por Pujol, diseñando una Administración al servicio de una familia, como atinadamente describió ABC, comenzó a gestarse durante el franquismo, al cobijo del dictador, y ahora se va a ir al garete con Artus Mas de bufón de la cosa.

Más es el hombre sándwich de esta mafia provinciana que se envolvió en la senyera para ocultar sus delitos. Está apresado entre Jordi Pujol, al que la familia Mas sirvió de hombres de paja con el dinero negro, y Oriol Pujol Ferrusola, que iba a ser el sucesor del imperio, y que terminará en el talego, si hay justicia.

Artur el breve es un cadáver político en manos de Oriol Junqueras y ERC, que están sentaditos en la puerta esperando el entierro. No hay otra. La carrera política de Mas está liquidada. Terminará disolviendo la Cámara. Por su mala cabeza, más el desastre Pujol, pudiera resultar que los catalanes van a ser gobernados por una Esquerra que se parte la caja  observando el espectáculo, mientras deja que los convergentes se cuezan en su propia salsa corrupta.

Y los medios de comunicación catalanes, no solo TV 3, todos, repito, tras años y años de sumisión cómplice, sin saber como salir de un atolladero que debiera llevarles a dejar paso a otros, decentes. Porque en Cataluña el silencio de la prensa, de una mayoría social acomodaticia y de un stablishment trincón, ha sido el territorio que ha posibilitado el florecer de los Pujol, que todo lo han podido hasta ahora, que vienen mal dadas y les van a caer por todos lados.

Y España. El resto de España, que tiene lo suyo. Algunos, pocos, venimos diciéndolo desde hace muchos años. Ofrezco la cintateca de “Cada mañana sale el sol”, el programa de ABC Punto Radio, a quien quiera escucharla. Lo repito ahora, sucintamente. Desde González a Rajoy, pasando por Aznar y Zapatero, los Gobiernos de España sabían y callaron. Asistieron de espectadores al latrocinio, porque les convenía. Le consintieron a los Pujol su comportamiento inmoral, y por ello su responsabilidad es equivalente. Paralizaron a la Policía, a la Fiscalía General del Estado, y a los jueces. Y creció el monstruo. Ya lo creo que creció el monstruo. Ahora ponen cara de yo no fui, pero no cuela. Esto se sabía en la calle, y en los despachos se conocían los detalles. Pero creyeron que convenía aguantar. Hay muchos cómplices. Hay muchos que actuaron con una irresponsabilidad delictiva, amparándose en el discurso conocido de la mesura, la prudencia, el sentido de Estado y todas esas zarandajas que se emplean para que todo siga igual. Y ahora, ante la amenaza soberanista, han puesto la maquinaria del Estado patas arriba para acabar con el clan, porque ahora les conviene a ellos. Es un comportamiento que moralmente no tiene un pase. Por eso es necesaria una regeneración drástica, radical, hasta el tuétano. Para que no resuciten los Pujol que han sido. Que son muchos. No sólo en Cataluña. Y algunos aún en activo.