Hace un año Rajoy se fue de vacaciones tocado por su comparecencia parlamentaria del 1 de agosto, con Gürtel, Bárcenas y el resto de la porquería rozándole el cuello. Y con el famoso SMS a Bárcenas: “Luis, lo entiendo. Sé fuerte. Mañana te llamaré. Un abrazo”.  No dio las explicaciones exigibles.  Y salvó los muebles en esta España nuestra de espalda ancha. En un país en el que la democracia funcionara a pleno rendimiento tendría que haber dimitido inexorablemente. Pero el aguanta lo que le echen. No hay lluvia, por fina o gruesa que caiga, que le cambie el paso a Rajoy.

Este año el presidente se ha ido optimista. Ilusionado. Indiferente a las críticas. Huidizo y huraño hacia los críticos.  Con esos tics nerviosos que se le disparan cuando algún periodista le menta la bicha de la corrupción. Pero contento. Y algún motivo tiene. No es discutible, pese a los intentos de tantos en negar la evidencia, que las cifras de la macroeconomía son favorables y trazan repunte. Comienza a asomar levemente por la rendija la recuperación, aunque el común de los mortales, la clase media desguazada, y no digamos los más desfavorecidos no la percibimos en nuestros bolsillos y tardaremos aún en poder celebrar algo.

Pero la cosa, en política, sigue como estaba, aunque un poco peor. El escándalo Pujol, con la riada de complicidades delictivas e inmorales que salpica a tantos, ha sido otra gota que no colma el vaso. Queda mucha basura, mucha inmundicia por salir a flote. Y el presidente parece dimitido de la política desde hace tiempo. Todo lo fía a la economía. El sistema se resquebraja cada día, sus promesas de regeneración se han quedado en nada, el personal ha perdido la fe sobrado de argumentos, se ha instalado un pesimismo devastador, las reacciones institucionales hacia la corrupción son lentas, insuficientes e ineficientes y el régimen hace aguas, para disfrute de quienes quieren reventar el sistema.

Rajoy se ha ido de vacatas tranquilo y optimista. A los suyos les transmite confianza. Pero le falta de encanto, hechizo, es incapaz de transmitir ilusión, tiene decidido dejar las cosas de la política y el sistema democrático como están, mira permanentemente para otro lado cuando lo que necesitamos es una mirada a los ojos clara, transparente, que nos transmita que esto va a cambiar desde el tuétano. La apatía de Rajoy ante la realidad desespera y nos lleva a muchos a creer que lo vamos a pagar caro.

No se puede negar que hay indicios de recuperación. Insisto, y algún mérito le corresponde al presidente. Pero conviene que Rajoy despierte de su letargo y se tome en serio la política y los cambios que reclama España. Lo mismo hasta gana las próximas generales, que lo dudo, pero será a costa de dejar el patio como un erial para varias generaciones. Necesitamos recuperación económica. Claro. Pero no es solo eso. Y parece que no se enteran.