El capo de tutti capi confesó. Reconoció que durante 34 años, y tres amnistías fiscales mediante, el y su familia han engañado a Hacienda, que es lo mismo que burlarse de todos los ciudadanos. Que es lo mismo que decir que nos han robado. Y el todopoderoso nacionalista dice que espera que su declaración sea reparadora y sirva de expiación. Recurro a la Real Academia y no sé si se refiere a que desea que sirva para borrar sus culpas y purificarse de ellas con el sacrificio epistolar, o bien sufrir la pena que le puedan imponer los tribunales, ahora que por su edad no puede ingresar en prisión. O acaso padecer trabajos a causa de su mal proceder. Pero no cuela. Porque la expiación es un concepto moral sin ningún efecto jurídico o político, imprescindible en este escándalo. Y porque la tardía y alicorta confesión es, además, mentirosa. No todo el dinero de la familia Pujol proviene de esa herencia del abuelo del clan. Este clan familiar, en entredicho desde el escándalo de Banca Catalana, en buena parte ha amasado su fortuna en operaciones ilegales en las que los Pujol, prevaliéndose de los cargos públicos que desempeñaron algunos de ellos, se lo llevaron crudo conformando un sistema corrupto en la Administración que controlaban, beneficiándose ellos y algunos de sus fieles servidores de comisiones a cambio de favores y concesiones. Y toda esta mandanga, bien envueltos en la senyera o la estelada y al grito de “España nos roba” mientras saqueaban la caja de Cataluña.

Pujol, ese hombre, no ha escrito la confesión mamarracha por un arrepentimiento espontáneo o por un ataque de decencia. No. Le han escrito el texto de la vergüenza, en el que miente más que en los 34 años de ocultación, cuando les han filtrado que la Agencia Tributaria, la UDEF y la Fiscalía les pueden tener cogidos por la pasta. En una autoinculpación vomitiva, trata de hurtar de la Justicia eventuales responsabilidades de su mujer y sus hijos. Y todo ello sin decir cuánta pasta han ocultado, sin aportar el nombre y apellido del testaferro, la parte que correspondía a cada familiar, la cuantía total y cuanto han regularizado. Con la guinda de decir, en impersonal, que “no se encontró el momento oportuno” en 30 años para ponerse al día. Claro, es lo que tiene robar, que ocupa mucho. Y Artur Mas, dice que es un tema personal. No, aunque en la mafia todo quede en familia. Este es un escándalo que mancha de modo indeleble la carrera política de Pujol, implica al clan al completo, atañe a su partido y afecta hasta el tuétano al Gobierno de coalición y al proceso soberanista. Y que salpica a Mas directamente: fue consejero de los Gobiernos de Pujol, de Obras Públicas y de Economía y Finanzas, los años del latrocinio.

A estas alturas quedan pocas dudas. El paraíso del que hablan en sus ensoñaciones alimentadas con el dinero de todos, excepto el suyo propio, no es más que el paraíso fiscal que se construyeron los Pujol con el dinero ajeno. Su patriotismo cínico era una protección frente al delito. España no les roba nada a los catalanes. Los Pujol sí, y han estado haciéndolo más de treinta años. Vaya con el capo. Y ojo, que esto no ha hecho más que comenzar. Y las mafias, cuando vienen mal dadas, se descomponen que da gusto verlas.