Las instituciones calientan motores para mañana, después de un proceso de abdicación para el olvido. Pablo Iglesias arrasa en Podemos y se hace con el control para organizar la asamblea fundacional. Si han conseguido lo visto antes de fundarse, cuando se fundan puede ser la repanocha. Porque ahí, en Podemos, he encontrado desde algún doctor honoris causa hasta lolitas de secundaria, pasando por raperos, empollones, motoristas de bota de caña alta y tatuajes, sesudos licenciados, inteligentes expertos en marketing y cabreados variopintos. De todo. Y hasta acudirán al Ritz a los desayunos esos de la casta. Y el PP inmóvil y el PSOE a la deriva, ambos viendo lo que sucede, pero sin mirarlo. Porque ver es percibir a través de la mirada, pero mirar es una actitud deliberada de observar, analizar, aprender y prepararse para actuar. Y miran poco. Y andan perdidos, y recuerdo el aforismo de Carlos Monsaváis, el mejicano: “He visto a las mejores mentes de mi generación destruidas por falta de locura”. Y sí, faltan locura, talento, arrojo y valentía, virtudes perfectamente compatibles con el sentido común. Cuerdos de atar es lo que necesitamos.

Se nos viene el nuevo Rey. Llega Felipe VI. Juan Carlos dice que no acude para no restarle protagonismo.  Cabreo en muchos porque Don Felipe vaya a acudir con uniforme militar. Y el discurso. Que nadie espere locuras, pero insisto en que será una buena guía para saber por donde va el viento. Y todo el personal hablando de la ruptura del pacto constitucional, pío pío que yo no he sido. Y han sido varios. Comenzando por el propio Rey, máximo responsable de mantener la imagen de ejemplaridad exigible al Jefe del Estado. Y la infanta y su marido, y quienes lo toleraron. Y los sucesivos Gobiernos, que no actuaron según establece la Constitución, y le dejaron hacer lo que no debía. Y los medios tradicionales, no mirar ni ver, no escuchar y callar, y así les ha ido, en la bancarrota y con el lío interesado de las fusiones que llegarán. Y los popes del Ibex 35, que nadaban en la abundancia, y siguen nadando, as usual. Y la corte de interesados. Venga a bailarle el agua. Y así les ha lucido el pelo.

Y ahora también, como advirtió un perro que se entera de todo y lo larga, la movida en la familia con el florero de Corinna y las tensiones en la Casa con las ansias de control informativo de la futura Reina de España. Ojo al dato, porque la que se puede liar puede ser parda. Y todos los ojos puestos en los cambios que habrá en la Casa, ya veremos cuando. Porque las designaciones marcan el camino que se quiere seguir.

Y Rajoy, con el partido descosido aunque aparentan una tranquilidad que no existe. Rajoy, ni una idea nueva, ni una pizca de emoción, ni un impulso, ni una palabra que excite el ánimo y genere ilusión. Todo sigue igual. Eso sí, con la segadora de cabezas a pleno funcionamiento, en silencio, pero tenaz, firme y perseverante en no dejar títere con testa entre los discrepantes.