Deprisa, deprisa. Así han aforado a Don Juan Carlos, Doña Sofía y la nueva Princesa de Asturias. Colando la cosa de rondón, y con una redacción técnicamente lamentable, en la ley de racionalización del sector público para regular el régimen laboral y las jubilaciones de los jueces. Con la misma improvisación con que se ha hecho todo tras la abdicación sorpresa. Y dando la impresión el Gobierno de que este aforamiento es para proteger a las personas, aunque la figura del aforamiento, tan abusada en España, debiera tener como objetivo la protección de las instituciones.

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Porque no es solo el aforamiento exprés. Eva Belmonte, minuciosa colega, nos explicaba en su BOE nuestro de cada día como la abdicación se hizo efectiva a las 0,00 horas del 19 de junio, cuando se publicó en el BOE la Ley Orgánica, estilo tuit, aprobada por la vía rápida, aunque lo habitual es que el BOE salga las 7,30 horas. Se hizo de este modo para que Don Felipe fuera Rey desde el minuto uno del día. Pero ojo, porque en ese BOE extraordinario sólo se publicó la ley de abdicación. Ni el Real Decreto que otorgaba a Don Juan Carlos y Doña Sofía el título vitalicio de Reyes (publicado dos horas después, cosa tampoco usual) ni el que crea el estandarte de Felipe VI, publicado el sábado 21, aunque en ambos se dice que entran en vigor a la vez que la Ley orgánica de abdicación, o sea, a las 0,00 del día 19, pese a que ambas normas no estaban aprobadas ni publicadas. Un galimatías jurídico que denota unas prisas que son inapropiadas y estéticamente impresentables, y más aún para cuestión tan regia.

Es verdad que desde la Casa Real se ha articulado un discurso que ha funcionado, como es cierto que la proclamación de Felipe VI ha salido bien, con un discurso que a mí me pareció atinado en la forma y en el tono, de Rey constitucional del Siglo XXI. Pero hay mar de fondo. La ausencia de Don Juan Carlos en la ceremonia de proclamación no tiene un pase, por inexplicable. Y, deprisa, deprisa, queda en evidencia una improvisación que desmiente la versión oficial y deja en cueros al Gobierno, responsable constitucional de los actos del Rey y del tejemaneje legal que han urdido.

Y también deprisa, deprisa,  Rajoy y Montoro anuncian una bajada de impuestos con la que creen que van a recuperar parte de los millones de votantes que han perdido.  Incumplieron sus compromisos electorales y ahora una reformita electoralista, pero no una imprescindible reforma a fondo. A ver como torean a la UE, donde andan con la mosca detrás de la oreja y reclaman otra subida del IVA.

Y Montoro, el ministro que reiteradamente ha utilizado la Hacienda Pública para amedrentar y perseguir a los discrepantes, anuncia también la publicación de una lista de morosos con Hacienda. Vale, pero que empiece mejor con la lista al detalle de todos los defraudadores que se acogieron a la vergonzosa amnistía fiscal. Deprisa, deprisa, como la peli de Saura, la de los ladrones.