El juez Ruz constata la financiación ilegal del PP y el pago de sobresueldos en B. Rumores sobre la identidad del dirigente popular que compartía cuentas en Suiza con Bárcenas y la compaña de defraudadores. Cosidó y Gil Lázaro, vergonzosamente mudos sobre el Faisán del que tanto largaron durante años y el partido también calladito. El Gobierno que decreta oficialmente el estado de optimismo porque la crisis se ha terminado. Y Rubalcaba que reconoce que no está fino. Vaya semanita.

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Y en esas llegó el anti debate, porque la cosa fue lamentable. Un mediocre y cansino pugilato de recriminaciones mutuas y un vergonzante pacto para no hablar de su corrupción que nos asola, ni del problema catalán, ambos asuntos trascendentes también en el ámbito europeo de las elecciones que se avecinan. Cañete, otro cliente de Arriola, se la pegó frente a Elena Valenciano. Y leyendo la chuleta sin cesar. Y por si no fuera suficiente, sostenella y no enmendalla, a la mañana siguiente se fue con Susanna Griso a Antena 3 y remachó el yerro: “El debate con una mujer es difícil. Si demuestras superioridad intelectual es machista… Con todas las provocaciones de la señora valenciano, si soy yo mismo me temo”. Imposible decir más sandeces y más barbaridades en menos tiempo. Y solo caben dos posibilidades, ninguna de las cuales le avala para los altos designios que le esperan: o de verdad piensa lo que dice, lo cual acredita una personalidad autoritaria y machista que le incapacita para un cargo público; o no lo piensa y se equivocó, lo cual demuestra que es un candidato falto de la preparación que requiere el asunto.

A ambos les preocupan la abstención, que se puede ir al 60% y el auge de los partidos pequeños. Y con razón. El personal observa a los dos grandes que controlan el régimen y claro, la cosa es para salir corriendo. Y por eso no quieren verles ni en pintura, ni en los debates. Esa actitud les empequeñece a ellos, y abre la sima que les separa de los ciudadanos. Y tanto IU como UPyD y formaciones como Ciudadanos, Vox y Podemos podrían conseguir escaño. Pero el bipartidismo que padecemos sigue ahí. Y PP y PSOE hacen de estas elecciones europeas una cita con las urnas  que interpretan con análisis estrictamente internos y las convierten en la enésima pelea mitinera, pero con menos público. Porque la peña se cansa.

Entre tanto, los candidatos a la presidencia de la UE exponen argumentos y debaten a cinco sobre el futuro de la Unión. Y hasta se les escuchan propuestas para evitar el declive de una Europa que ha sido incapaz de construirse desde el Tratado de Roma.

En fin. Que sí, que la crisis se ha terminado, para ellos, claro. Que la corrupción se la suda, obsesionados en ocultarla. Que el Faisán no saben ya lo que fue. Y que las elecciones son un trago más que pasar hasta las generales. Y que todo sigue igual. O sea, que se confirma. Los idiotés de los que hablaban los griegos aquí son quienes están en la política. Demasiado ocupados en lo suyo como para preocuparse de los asuntos públicos con decoro, decencia y honradez.