Retumba todavía hoy la frase de la vicepresidenta en los pasillos del laberinto de la judicializada política española: “En mi puta vida he cobrado un sobre del partido”. La verdad, me gustó el exabrupto. Le salió del alma. En esta sociedad aún machista, los bienpensantes ven mal el taco en la mujer. A mí me gusta. Le da un toque de normalidad. Aleja por un rato a Soraya de esa imagen de sosos registradores o abogados del Estado de tantos rajoyanos.

Pero retumba aún la frase. El taco. Porque previamente, en el escaño, se había puesto nerviosa como nunca ante las acusaciones de la otra Soraya, la del PSOE. Y eso sucede por algo, no es casual. Y como tiene fuste y fondo el asunto, les altera el ánimo.

En el PP las cuentas eran un puto desastre. Cuando mandaba Aznar y cuando mandaba Rajoy, que sigue mandando, aunque ahora parece que se esmeran. Lapuerta o Bárcenas gestionaban la pasta, pero a las ordenes del jefe. No hay puesto más controlado que el de gerente, o más sometido a escrutinio, en cualquier empresa.

Ya sabemos que en el PP se manejaba dinero negro. Y que se blanqueaban donaciones ilegales porque procedían de empresas que contrataban con la Administración, o porque superaban el límite establecido. Y que se troceaban las cantidades y se consignaban como donaciones anónimas para engañar al fisco. Y después la leña pasaba a formar parte de la contabilidad oficial. Y desde allí se abonaban los sobresueldos que muchos cargos del PP recibían para completar su salario. Y llamaban gastos de representación a un salario puro y duro. Un tejemaneje, una engañifa, un engaño, una artimaña. Si Montoro le pilla a una empresa actuando de ese modo le mete un rejón de no te menees. Y ahora, en el PSOE, la penúltima en Castilla La Mancha, con Cuadrifolio y las facturas infladas, y la merdé de siempre. Y los desmentidos.

En este reality show de la política, la corrupción y la cosa, cada día hay mas agujeros de corrupción. Y el personal, transido de tanta mierda, asiste al espectáculo atónito. No aguanta más que sigan intentando convencernos desde el régimen de que a las minas las preñan los ángeles de la guarda sin custodia.

La Jefatura del Estado, el Gobierno, la oposición, y los grandes de la pasta, o sea, el régimen, los quince que lo deciden todo, están en el límite. Y si no se toman en serio regenerar la cosa y regenerarse ellos mismos, dejar al fin de ser idiotas, ocuparse de los intereses públicos y no de los privados, hacer política, que es el espacio de la polis, o sea, de lo público, esto se va al garete. En la puta vida hemos estado tan al límite. Y el partido que sostiene al Gobierno y al cliente de Arriola debiera darse cuenta. Reconocer lo que hay. Pedir disculpas. Garantizar que no volverá a suceder y ponerse manos a la obra. Pero me temo lo peor. Andamos ya en campaña. O sea, que dedican su tiempo a cocinar las nuevas mentiras y a preparar más incumplimientos de palabra. Pues nada. A lo que digan las urnas.