Se acerca la campaña electoral de las Europeas. Aunque el PSOE la comenzó hace semanas, o meses, parece que Elena Valenciano lleva un siglo toreando mítines y queriendo hacer de estas europeas un adelanto de las generales. Y esa esquizofrenia les lleva a veces al ridículo, como en París. Junto a la flamante alcaldesa Anne Hidalgo y el candidato socialista a la C.E., Martin Schulz, Valenciano clamó contra el “austericidio” de la derecha europea. Clamó o bramó. Y fue a hacerlo al día siguiente de que el presidente socialista francés, Manuel Valls, anunciara su plan de poda, que penaliza las ayudas sociales, y congela las pensiones y los salarios de los funcionarios. Un canto a la coherencia. Bilingüe, eso sí. En francés y en español.

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Rajoy, y Arias Cañete, a lo suyo, y a lo que dice Arriola, que es el guionista y el director de la película de sus vidas. Una precampaña cortita y una campaña con el mínimo estruendo posible. Nos van a abrasar con que las cifras macroeconómicas son buenas. Y a no moverse de ahí, o ahí nos las den todas. Porque ya se sabe que la vida es una invención. Y que Rajoy es inabordable, como Bogart en Casablanca con Madeleine LeBeau:

– ¿Qué hiciste anoche?

– Hace ya tanto tiempo que no me acuerdo.

– ¿Y qué haces esta noche?

– Nunca hago planes con tanta anticipación.

Pero lo que sí hacen los partidos son las malditas listas electorales, cerradas a cal y canto, y bloqueadas. Y trabajo les cuesta, no crean. Las sedes de PP y PSOE han sido durante meses un no vivir. Codazos, llamadas, guasaps, correos electrónicos… Había hostias por entrar.  El Espacio Léopold es una bicoca. Buen sueldo, poco trabajo, posibilidades de colocar mucha peña y después una jubilación sabrosa.

Y los debates en las cúpulas de PP y PSOE han sido serios. Aunque no de fuste. No crean que se analizaban currículos, experiencia en materia europeísta, idiomas o zarandajas de esas. No. Más que listas, hacen cuotas. Cuotas por provincias, cuotas por autonomías, cuotas por servicios prestados, cuotas por docilidad acreditada, cuotas por sexo. Y después, las ineludibles cuotas reservadas a los que se quedaron colgados y necesitan escaparate y a los elefantes camino del cementerio. Y así salen las listas.

Conozco directamente el caso de siete candidatos, cuatro del PP y tres del PSOE, más que cualificados para haber estado en esas listas. Con trienios europeístas acreditados, solvencia intelectual, acervo cultural y mínimo de dos idiomas, que se han quedado fuera por las malditas cuotas. No escribiré sus nombres porque tienen futuro, y no es cosa de fundírselo en una columna. Y los que no conozco yo.

Pero mientras PP y PSOE sigan el pensamiento de Fernández de la Mora, y la cooptación y la ausencia de debate y democracia interna manden en esas casas, el asunto no tiene remedio. Y las listas, con sus cuotas, serán lo que son. Una lotería para afortunados, pillos y listillos. Y entre ellos, alguno que vale. Claro.