Lo del diputado catalán de Ciudadanos (C’s) Jordi Cañas ha pasado desapercibido, y tiene enjundia. El combativo y trabajador Cañas renunció la pasada semana a su acta de diputado. El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña le ha imputado por un delito contra la Hacienda Pública por su participación en unas empresas que presuntamente defraudaron a Hacienda 429.000 euros. Los hechos son anteriores a su participación activa en Ciudadanos.

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Cuando se conoció la apertura de las investigaciones, Cañas, además de reclamar su inocencia, comenzó por renunciar a su puesto de portavoz del partido en el Parlamento catalán y adelantó que si se concretara una imputación, o si se alargara en exceso la investigación, abandonaría el escaño. La imputación se materializó, y Cañas obró en consecuencia: inmediatamente renuncio a su acta, y por lo tanto, a su condición de aforado.

No entro en el fondo del asunto, y la verdad, a estos efectos me importa nada. La Justicia dirá si Jordi Cañas es responsable o no de ese delito. En esta España nuestra, me interesa el comportamiento ejemplar de este diputado de Ciudadanos (C’s), que se dobla incluso de ejemplaridad en contraste con unos cuantos colegas de Cañas que, pese a haber sido imputados hace tiempo por hechos más graves y recientes, y directamente relacionados con su actividad política, siguen aferrados al escaño, empezando por Oriol Pujol.

Jordi Cañas ha cumplido su palabra. Lo ha hecho sin dilaciones, excusas o lamentos. Y ha reclamado de los políticos que tengan comportamientos ejemplares. El lo ha tenido. Se va a defender sin perjudicar a su partido y al Parlamento en el que representaba a los ciudadanos catalanes, los que le votaron y los que no. Y ha dicho, rotundo, que cuando resuelva su causa judicial, pretende volver, en advertencia a los que se alegran de su salida. O sea, que Cañas ha acreditado que no es un idiota. Que se ocupa y preocupa por los asuntos públicos sin anteponer a ello sus intereses privados. Que es consecuente con lo que ha reclamado a otros, y llamo coherencia a lo de siempre, tan perdido, el hacer coincidir lo que se piensa con lo que se dice y lo que se hace. No es habitual su conducta, porque vemos los Parlamentos repletos de imputados que no se van ni con agua hirviendo, Cañas merece un elogio. Y Cañas, cuando termine el procedimiento, puede volver. Y me consta que lo hará, y por la puerta grande, inmensa, de quienes se han conducido con dignidad.

Conozco a Jordi Cañas. Es un tipo peleón, valiente y dicharachero, que no se arruga. Su trabajo, como el de sus colegas de Ciudadanos en Cataluña, merece admiración. Rodeados por una mayoría de la Cámara que les tiene enfilados, han padecido acoso y persecución hasta en la calle. Le estaban esperando. Y les ha dejado con un palmo de narices. Con un par. Les ha lanzado al rostro honra, decencia, decoro y nobleza. A muchos. Por eso ha pasado desapercibido. Y por eso es de justicia que se sepa. No todos los políticos son iguales. Aunque los idiotas, los que están rodeados de inmundicia, deseen que así se piense. Mi respeto para Jordi Cañas.