Coca Cola Iberian Partners (CCIP), compañía creada en febrero de 2013 y  participada por las siete empresas españolas embotelladoras de Coca Cola para España, Portugal y Andorra, tiene en marcha un Expediente de Regulación de Empleo que ha generado enorme polémica.

Inicialmente, en todos los medios de comunicación se hablaba de los despidos de Coca Cola. Muchos me reprocharon criticar a los colegas de todos los medios, especialmente los grandes, titular de ese modo las noticias sobre un ERE que no es de la archiconocida multinacional, sino de una empresa que no está participada siquiera por Coca Cola. Es como si alguna de las productoras y compañías que prestan servicios a alguno de esos medios proceden a comunicar un ERE y alguien se lo atribuye a ellos, ¿les gustaría? No cabe duda de que no. Lo considerarían un ataque inadmisible. Pues eso. Seamos precisos.

El ERE de CCIP sigue generando polémica. La Inspección de Trabajo ha cuestionado algunos aspectos del mismo por lo que considera falta de información sobre el mismo que puede ser subsanada, por desconocerse aún su incidencia en los contratos temporales y por no haber aportado toda la información necesaria sobre las transferencias de producción entre plantas. Veremos cómo termina la cosa.

No obstante, este ERE ha evidenciado una vez más el modo de trabajar de algunos sindicatos españoles en el Siglo XXI, ejemplo de lejanía con la realidad laboral de España y con las necesidades reales de los trabajadores.

Vale que en una negociación puede ser lógico y hasta sensato presionar con la negativa a sentarse en la mesa negociadora durante un tiempo, pero llevar esa posición hasta el límite de que se te agote el tiempo y por ello no puedas obtener ninguna ventaja es suicida. Y así ha sucedido.

Ha habido también contradicciones, como defender que el cierre de la fábrica de Fuenlabrada es consecuencia de los altos sueldos de los empleados, que disponían del mejor convenio, a la vez que reconocían la necesidad de ser competitivos como receta indispensable, en cualquier actividad laboral, para asegurar el futuro de una empresa.

Los líderes sindicales, alejados de los intereses reales de los trabajadores, han llegado a patrocinar un boicot total contra la empresa, que sigue dando empleo a miles de trabajadores, con el consiguiente riesgo serio para el futuro de otras plantas de haber conseguido de verdad el objetivo que se habían marcado. ¿No saben los sindicatos defender los puestos de trabajo, o una salida lo más favorable posible para los casos inevitables? ¿No se defienden así de modo más sensato los intereses de aquellos a quienes dicen defender los sindicatos?

En este caso, como en otros tantos, ha habido un factor añadido que ha perjudicado a los trabajadores, cual es la división entre los diferentes sindicatos intervinientes, con una batalla interna fulanista que dejaba en segundo plano los intereses reales de los trabajadores, que evidenciaron públicamente su voluntad de negociar y alcanzar un acuerdo.

La guinda del asunto fue involucrar a los líderes de CCOO y UGT, Toxo y Méndez, en una manifestación que no estaba respaldada por la mayoría de los trabajadores de CCIP. Conviene recordar un dato: diez días después, 1.700 personas se adscribieron voluntariamente al ERE aunque sólo estaba previsto para 1.100. Quizá Toxo y Méndez, una pareja de líderes sindicales que nos hacen añorar a dos hombres valerosos, trabajadores y sensatos como Marcelino Camacho y Nicolás Redondo, sindicalistas del Siglo XX que acreditaron una solvencia en todos los ordenes que se echa de menos cada día con más fuerza, pretendían ganar puntos ante los suyos liderando una mani en la que le atizaban, supuestamente, al imperio yanki simbolizado en un logotipo mundialmente conocido. No se me ocurre un planteamiento más nefasto de cara a los intereses de los trabajadores, más infantil y carente de ingenio, más manipulador y demagógico.

La actuación de los sindicatos en este ERE, que ha tenido más relevancia por la trascendencia internacional de Coca Cola, ya ha tenido alguna consecuencia, no precisamente positiva para los intereses de los trabajadores. Algunos de los afectados han tenido que conformarse con indemnizaciones de 33 días por año trabajado en lugar de los 45 que podrían haberse conseguido actuando con más sentido común y anteponiendo los intereses de los trabajadores a los de los líderes sindicales.

Estos líderes sindicales que se llenan la boca de palabras huecas y frases hechas en sus comparecencias mitineras, y que, eso sí, aplican en su propia casa y con entusiasmo la reforma laboral que tanto critican, y en sus aspectos más duros y desfavorables a sus empleados.

Quizá los líderes sindicales han visto en Coca Cola una marca con la que creyeron que iban a recuperar imagen y credibilidad, pero su discurso decimonónico, su conducta poco responsable, sus errores de planteamiento y negociación han evidenciado, una vez más, hasta que punto los actuales sindicatos, tan necesarios en toda época, han de adecuar sus estructuras y sus métodos al Siglo XXI. Viven otra realidad, y los intereses de los trabajadores a los que dicen representar merecen mayor respeto. Veremos como termina el asunto. Por ahora, los sindicatos se han dejado otro jirón de credibilidad por el camino. Y los trabajadores a la espera.