Debiera ser obligada la lectura de los correos electrónicos de Miguel Blesa y su banda. No me cansaré de reiterarlo. Su obscenidad repele, sí. Pero es esencial para poder atinar en el diagnóstico del problema más grave que padecemos. Leed mis labios: no es el sistema, idiotas, es el régimen. La indigencia moral de todos los protagonistas, y hasta indigencia neuronal, en una parte de ellos, evidencia la corrupción que anida en el tuétano de ese régimen. Que igual se lleva por delante varias Cajas, como te fríe a impuestos confiscatorios. Que igual te obliga a rescatar a los secuestradores de tus ahorros como se pule a tres directores de diarios o lamina a disidentes de todo tipo.

Todos los miserables terminan por estropear su biografía. Blesa no. Carecía de ella. Todo su mérito para llegar a la cúspide del régimen fue ser amigo de Aznar. No había más. Y fue llegar y perder el norte, si alguna vez tuvo más norte que su propia ambición insaciable.

Los que manejan los hilos de este régimen corrupto justifican las críticas por muchos de sus nombramientos argumentando que en todo el mundo se nombra para los puestos clave a personas “de confianza”. Y es verdad. Pero se confunden en su insolvencia moral. Ellos disfrutarían en las repúblicas bananeras, aunque aquí le bailen el agua al monarca. En un sistema verdaderamente democrático designar por confianza es colocar a alguien preparado, capaz, honrado y solvente, al margen de su ideología, para ejercer un cargo o puesto de responsabilidad. Para esta ralea de rufianes, supone instalar a un amiguete para repartirse lo público en círculo privado.

En el caso de Blesa, la broma de Aznar al designarle nos ha costado decenas de millones de euros, un rescate financiero y la vergüenza nacional de centenares de ciudadanos arruinados por una estafa gigantesca. Y en la faena intervinieron otros miembros del régimen, como ZP o su capo del Banco de España, el inexplicable MAFO. Por el camino, Blesa se ha levantado más de 20 millones de euros. José María Aznar recorre el mundo dando lecciones. Rato ha vuelto a ser perejil de todas las salsas del régimen. Y la recua de colegas, políticos, sindicalistas et al que nutrían los consejos, todos, por ahora se han ido de rositas. Y la Justicia, a paso de tortuga, como siempre, como le conviene al régimen. Excepto para empapelar al juez que quiso llegar hasta el final, asunto en el que andan con una celeridad que merecería mejor causa.

Por eso hay que controlar, y si es necesario, plantar cara al poder. Cumplir cada uno con sus obligaciones. Y la de algunos, por ejemplo los periodistas y los intelectuales, es denunciar los abusos, cueste lo que cueste. Porque ya se sabe que se empieza por ser perseguido por el régimen por atacar al establishment y, si no hay alguien que le plante cara a los abusos, al final, el régimen, los poderosos, los que manejan la cosa, te persiguen tan solo por alabarles con insuficiente entusiasmo.