La semana ha sido intensa. Y los idiotas no han cesado de trabajar. En lo suyo. Pasó el debate, y quedó eso de que ya hemos pasado el Cabo de Hornos. Y ha cundido. Pero las citas las carga el diablo. Quizá no sepa quien le escribió la frase al presidente que en Inglaterra llaman a ese Cabo “El pasaje de Drake”. Por el pirata Francis Drake. O sí lo sabía, y por eso quizá lo redactó, como homenaje.

Susanna Griso estuvo inmensa con Fátima Bañez, en su Espejo Público. Compareció la ministra de los seis millones de parados a una entrevista. Griso, una profesional, le preguntó a Bañez por el informe del Banco de España que certifica que los salarios en España han bajado mucho más de lo que marcan las estadísticas, siempre manejables. Y Doña Fátima, como tantos, le soltó su rollo, habló de todo, menos de lo que se le preguntó. Y Susanna Griso, en su papel, aprovechó un respiro en la carrerilla que había tomado Bañez: “Señora ministra, esto es una entrevista, esto no es un mitin”. Y la ministra, con un par, le respondió que ella preguntara lo que quisiera, y ya respondería ella lo que le viniera en gana. Así entienden el oficio estos “idiotes”. Por un segundo Bañez me recordó a la Kirchner, pero en onubense y con otra peluquería.

Y luego está Bankia. Tras su obscena e impúdica quiebra, consecuencia de una gestión delictiva en lo penal y en lo moral, entre todos rescatamos a la entidad con 22.000 euracos. Y colocaron al frente a Goirigolzarri, un tipo serio, profesional, que se está batiendo el cobre con solvencia para salvar a la ex Caja de la gestión de unos canallas desahogados. El Gobierno ha abierto la puerta con apremio y le han vendido el 7,5% a un grupo de fondos de inversión. La operación tiene mucho de simbólica. Vender que tenemos un problema menos. Pero ojo. En la Roma corrupta y célebre, escribió Cicerón que no hay vicio más ocioso que traficar con bienes del Estado, y también que la injusticia es peor que la ruina. El dinero de los contribuyentes es más sagrado que el del emperador.

En democracia las cabezas no se cortan, pero se cuentan. Y se debe hacer Justicia. Y por ahora sólo 90.000 de los más de 300.000 saqueados en Bankia han recuperado parte de su dinero. Entre todos hemos pagado este rescate. Pero quienes lo urdieron aún están de fiesta. Miguel Blesa sigue entregado a su buena vida disfrutando de la tela que se llevó. La recua de directivos y consejeros, incluidos políticos, sindicalistas y amigos de esa tropa, disfrutan de los beneficios que obtuvieron por el latrocinio. Y Rodrigo Rato permanece en el olimpo del stablishment y asiste como invitado a los saraos que se montan los importantes en los que se corta el bacalao de la política y los dineros. Los grandes empresarios, los que apoyan al Gobierno, los que colocan los cabezas cortadas de los directores de periódico entre las testas de las víctimas de sus cacerías, lo acogen como a uno de los nuestros. O sea, de los suyos. Y así es como estamos, un debate después. Mal. En la misma crisis moral e institucional que no interesa a los idiotas, que andan ya demasiado preocupados por no caerse de las listas electorales. País.