Tras constatar su debacle histórica en la urnas, se presentó ante los suyos como Harvey Keitel ante Tarantino: “Soy el señor Lobo, soluciono problemas”. Rubalcaba no llevaba pajarita. Estaba a treinta minutos de desaparecer para siempre, pero tardó diez en volver. Puso a trabajar a Valenciano y López como Keitel a Samuel L. Jackson y John Travolta. Ahí estaba el partido, en el garaje, repleto también de cadáveres sin cabeza. Tocaba arreglar el desaguisado antes de que a alguno se le ocurriera aparecer a poner orden. Rubalcaba ordenó a sus fieles limpiar la tapicería. Sacaron sus mantas, colchas, cubrecamas y edredones. Había que camuflar la realidad y hacer desaparecer los cadáveres. “Si se hace lo que yo diga y cuando yo diga, debe bastar. He venido a ayudar. Si mi ayuda no es apreciada, tengan suerte caballeros”.  Y les convenció: “Tenemos poco tiempo. Pienso deprisa. Hablo deprisa. Hemos de actuar deprisa si queremos salir de esta. Pórtense bien y les daré un caramelito cuando terminen”.

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Chacón era un peligro. Parecía controlar Cataluña, buena parte de Andalucía, y bastante Valencia. Suficiente quizá para fumigarte en unas primarias. Estaban también López y Madina, los vascos. Históricos, pero menos peligrosos. Y García Page, en la Castilla de Bono, loco por la música, pero escaso de apoyo de fuste.

Los escándalos de la mangancia andaluza le vinieron de perlas. Se quitó de en medio a Griñán y ha pactado con Susana Díaz. En Valencia, tres cuartos de lo mismo, territorio conquistado. Puig ganador, Romeu caminito de Madrid y aquí paz y después ya veremos. Y Cataluña, el sindiós socialista, lo tiene a punto de caramelo. Con estos tres territorios bajo control, tiene buena parte del trabajo hecho. Así se cocinan los pasteles de la política. Llegarán las primarias y allí estará de nuevo Rubalcaba, el señor Lobo del PSOE, para ganarlas y competir con Rajoy. Los otros aspirantes lo tienen claro. Si pierde, se pira de una vez y para siempre, y se abre la veda, que gane el que pueda. Si el candidato es otro, y hay derrota, no habrá quien le mueva de la silla, porque ya se sabe que la primera se pierde y la segunda veremos. Si gana, y gobierna, se compromete a estar una legislatura y ceder el paso, y los que quieren ocupar su lugar se ponen manos a la obra a degollarse para liderar el nuevo PSOE. Esto es lo que hay a día de hoy. No se engañen. No será lo mejor para el partido, pero es lo mejor para Rubalcaba.

Pero esto es política, y el lobo Rubalcaba se lo dice cada día a los suyos, como Keitel a Jackson, Travolta y Tarantino: “Buen trabajo, caballeros, tal vez salgamos de esta, pero no empecemos a chuparnos las pollas todavía. Nos queda la segunda fase”. Y ahí anda, con la ducha fría a los suyos, limpiando la imagen. Cada mañana les repite: “Les voy a aclarar el trayecto”.  Porque les queda trayecto, y cuando se circula por una autopista con un vehículo con cadáveres en el maletero, la cosa puede estropearse.

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