Mi amigo y maestro José Antonio Puente, presidente del Instituto Tracor, ha escrito este artículo que por su interés reproduzco en mi blog. Seguro que os resulta interesante. Ya me diréis cual es vuestra opinión al respecto.

 

“Un simple apunte:

Imaginemos a Alemania abandonando el euro y recuperando su antiguo marco, y que todos los demás países de la eurozona se mantuvieran con la actual moneda común. Inmediatamente el marco alemán se revalorizaría con respecto a todas la otras monedas del mundo y el euro se devaluaría notablemente con respecto al marco alemán. Por esa razón, los alemanes, automáticamente, serían más ricos para adquirir toda clase de productos y servicios extranjeros y la hipertrofiada balanza por cuenta corriente alemana, la más grande del mundo, que equivale a todo el superávit por ese concepto de toda la zona euro a la que pertenece, unos 250.000 millones de dólares, adelgazaría hasta situarse en niveles más parecidos a los de Japón o China. Las compras en el exterior de Alemania aumentarían considerablemente, con el consiguiente beneficio para las balanzas comerciales del resto de países, así como para los flujos de inversión que éstos recibirían, contribuyendo así a mejorar notablemente las demás economías, especialmente las del sur de Europa, y la calidad de vida de sus ciudadanos, a la vez que mejoraría el nivel de vida de los alemanes deseosos, en su mayoría, de abandonar el euro: todos contentos.

El desempleo y la deuda dejarían de ser muy pronto las pesadillas que impiden el descanso y matan los sueños en los países más afectados por el superávit alemán. Los estados del sur verían cómo mejora su balanza fiscal y empieza a fluir dinero a la economía sin necesidad de vivir obligados, esclavizados y atenazados por la deuda, lo que les haría política y económicamente más libres. Los endeudados españoles, por ejemplo, al mantener nominada su deuda en euros, junto con la saludable inflación que se generaría en la zona de la moneda única, podrían pagar sus ahora impagables deudas, además de ver cómo se recuperaría el valor de sus activos. Igualmente, los alemanes endeudados, que no son muchos por la proverbial prudencia y propensión al ahorro del pueblo alemán, también mejorarían su capacidad de repago al convertir sus nuevos marcos de gran valor a euros devaluados. Dada la fuerte competitividad, y el carácter globalizado de la economía alemana, el impacto que ésta sufriría en su flexible mercado de trabajo sería mínimo, mientras, por el contrario, el crecimiento de la oferta de empleo en los demás países sería espectacular.

Sería el fin de los exagerados desequilibrios económicos actuales, de las inaceptables asimetrías entre el norte y el sur de una Europa, ahora insolidaria, rota por la falta de cohesión y la desafección de unos ciudadanos, crecientemente desilusionados con el modelo europeo, así como por el desproporcionado poder económico y político alemán que impide la construcción de un destino común con igualdad de oportunidades. Sería la recuperación de la libertad por el abandono de la esclavitud de la deuda, que así sí podría pagarse, y sería, en definitiva, la posibilidad de recuperar la esperanza para millones de personas que sienten cómo el futuro se perdió en algún momento del pasado, entre 1989 y 2007, y no ven cómo encontrarlo.

Apunto, por tanto, a un miembro del club que se ha excedido en los beneficios que ha extraído por su membresía y que, por ello, de una manera clara, ha destruido el club. Y es que, siempre, la avaricia rompe el saco. Es el momento de pedir a Alemania que abandone el club del euro, por la buenas a ser posible.

El mejor titular para el año 2014, y ese es mi deseo, sería: “Alemania recupera su antiguo marco y se mantiene en la UE””