Lo dijo el general Pítaco de Mitilene, cuyo busto he visto más de una vez en el Louvre: “¿Queréis conocer a un hombre? Investidle de un gran poder. El poder no corrompe, desenmascara”. Pues eso. Berlusconi, ese hombre, un miserable venido a más, ha terminado siendo una caricatura. Caricatura de malvado, caricatura de canalla, caricatura de gobernante. En fin, una caricatura de sí mismo. Seguro que ha sido siempre igual, pero el poder le ha desenmascarado.

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